06 agosto 2008

DE REGRESO!

DE VUELTA A CASA!



Por fin ya estamos de vuelta después de haber recargado las pilas en la playa. El susodicho se tuvo que regresar, dijo que si no había a quien sacarle las muelas no habría tampoco para los libros del nuevo curso escolar, así que ni modo, después de unos días se regresó solo y los demás nos quedamos allá. Es curioso porque en tantos años han sido pocas veces las que el susodicho y yo nos hemos separado y una se acostumbra a dormir con alguien roncando junto ¡qué cosa! Hasta Lady Pubertiana que se pasa la vida peleando con su papá sobre todo los viernes que es cuando quiere irse de fiesta y el susodicho no la quiere dejar, me dijo que extrañaba a su papá la hija de la mala vida.


El hooligan que nació con el gen calenturiento se la pasó feliz con las gargolitas, unas niñas que no lo soltaban ni a sol ni a sombra. Hasta un día me salió con que las gargolitas lo invitaron al Señor Frogs. ¡Qué Señor Frogs ni qué ocho cuartos!, le dije que cuándo en la vida se ha visto que un escuincle de 10 ande de fiesta nocturna, pero ni hablar, lo vi irse muy contento mientras pensaba para mis adentros que mi pollo ya había emplumado.


Le mandé ochocientos mails al susodicho con indicaciones: que si vas por la Sofiringa, que si le das de comer a las tortugas, que si ya arreglaste el toallero del baño que se me cayó el otro día, que si ya viste lo del coche, que si hablaste con la señora que me va a vender los libros y así, lo traía frito al condenado para que no extrañara. Y hasta
la Sofiringa cuando lo veía decaído, me mandaba un mail: “El patrón anda como perro sin dueño” y pa pronto le mandaba otra tanda de mails que si ya pagaste el agua, que si dejaste dinero para la tintorería, que si depositaste lo de Sky y entonces sí se curaba de espantos y dejaba de extrañar tantito.


Ya cuando regresamos nos recibió con muchísimo gusto, como en las películas esas que van cámara lenta a abrazarse ¡ay qué cosas! Me acordé de la luna de miel, de esos tiempos en que sentíamos mariposas en el estómago cuando nos veíamos, con esa misma ansiedad que sentía cuando estaba por comenzar mi telenovela de mi argentino guapísimo y quería que el hooligan se volviera mudo para no perderme nada de lo que decía son su tonito aquel ché! Igualito lo miré al susodicho, sin perderle detalle y ya hasta archivé todos esos mails que me mandó en una carpeta especial para esos casos de emergencia en que tenga que releerlos para acordarme lo mucho que lo quiero al condenado.






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