05 noviembre 2007

PRIMERA CITA ROMÁNTICA DE LADY PUBERTIANA

LA PRIMERA CITA ROMÁNTICA DE LADY PUBERTIANA

Lo que les tengo que contar es una cosa muy vergonzosa y un poco larga ehh, así que no se quejen después de que les queda el trasero aplastado de estar leyendo esto ehhh, que conste que les avisé ¡pos estos! y es que no es lo mismo que tenga uno una hija de 16 que le ha empezado a perder el asco a sus amigos a una hija seriecita y bien portada, que ni por la cabeza se le pase salir los viernes en la noche y mucho menos que te conteste “que por que toda la semana se la pasa en friega” cuando los padres somos los que teníamos los derechos de autor de esa frase ¡válgame el cielo!

Ay pero aquí entre nos les he de confesar que acabo de colgar el teléfono después de hacerle cita a la psicóloga, que seguro nos va a matar, pero no es lo mismo que te regañe cualquiera a que te regañe alguien a quien le vas a pagar $250 pesos la consulta, uno se aguanta porque se aguanta y sanseacabó. Y es que todo empezó el Sábado que la Lady Pubertiana se paró en medio de la televisión, arriesgando su vida porque estaba el partido de fútbol del susodicho, a decirnos que un tal Mario la invitó al centro comercial. El problema no es que le demos permiso, el problema es que el susodicho logre salir del estado catatónico que le da cada vez que ve un partido en la televisión y haga caso.


Claaaaro, claaaaaro como era de esperarse el susodicho no oyó nada y le contestó “Ajá” igualito a cuando yo le pregunto si lo que me puse se me ve bien y ni siquiera me voltea a ver el condenado. Total, ya daban las 5:30 y esta escuincla duro y dale como mosca sobre el pastel, que ya la lleváramos, que se había quedado de ver a las 6 con el fulanito.

Pero el problema no es ese, estoy pensando cómo explicarle a la psicóloga que si la Lady Di se murió por culpa de un paparazzi, no tuvo la culpa, que fue como un reflejo o como un tic, algo muy natural con lo que ya nace uno, ya me entenderán porqué, y es que no están para saberlo ni yo para contarles pero la primer locura que se le ocurrió al susodicho fue decirle a Lady Pubertiana que qué bueno que iba al centro comercial porque “nosotros teníamos muchas ganas de ir también”


¡Uyyyyy! Hubieran visto a la escuincla, se le volteaba la cabeza peor que a la niña del exorcista, que cómo era posible, que qué OSO, que mejor ella se iba a otro lado hasta que el susodicho le pegó un grito y le dijo que eso o nada y no le quedó de otra a la escuincla que aguantarse. Yo todavía me acerqué al susodicho y le dije en secreto que le cupiera la cordura, que cuándo en la vida se había visto que los papás fueran siguiendo a la hija en su primera cita ¡háganme favor!

La segunda locura y la PEOR de todas fue que el susodicho me contagió, llegamos al centro comercial y en lo que buscábamos donde estacionarnos la escuincla se bajó del coche y les juro que parecía un canario al que le acaban de abrir la jaula: salió disparada caminando rapidito para que nadie la alcanzara, ni siquiera volteó pa atrás la ingrata.





Más tardamos en estacionarnos que como el Inspector Gadget y sus cómplices, el susodicho nos hizo señas como los policías que se apuntan con dos dedos los ojos y señalan para otro lado, que nos hizo que el hooligan y yo fuéramos para el lado derecho y el para el izquierdo.


No contábamos con la astucia de que muy lista la escuincla colmilluda, se metió al cine con el fulandrango a ver una película de miedo, ajá…esa no se la traga ni una monja, para cuando esté la peor escena tener pretextito de abrazarse y ni modo de llevar visión nocturna para ver quién es el primero que se enreda en el otro, pero una es mujer en el fondo y entiende la hormona, así que mejor le dije al hooligan que nos fuéramos a tomar un heladito mientras salía. Se ha de acordar el susodicho de cuando me invitó al cine la primera vez que salimos y alzaba el brazo como para bostezar y terminábamos como calcetines volteándonos al revés en las butacas de hasta atrás ¡Já! Si el león cree que todos son de su condición.


Dicho y hecho, dos horas y ahí estaba nuestra presa bajando de las escaleras eléctricas y les juro, no pude contenerme ¡no pude!, me mordí las uñas, le quité el helado al hooligan para distraerme y NADA, mordí el servilletero y NADA, por más que quise evitarlo no pude, saqué la cámara apunté y ¡zácale! le tomé la foto paparazzi a los tortolitos ¡qué horror! Ahí iban con una cara de idiotizados que dios guarde la hora, se acercaron a comprarse unas Mac Patatas, y ¡zácale! otra foto. ¡Madre santa! Si yo fui la que regañé al susodicho para que tuviera cordura caray. Ya las iba yo a borrar cuando el hooligan, que no será abusado para la escuela pero de repente se le ocurren cosas brillantes, me dijo que las guardara y así el día que no obedezca la amenazo con enseñarlas. ¡Ay Dios! No hice otra cosa más que besuquear al hooligan, con un poco de miedo ehhh porque me preocupa que a los 9 años se le ocurran esos chantajes, pero esta vez se merecía un premio el condenado escuincle.


Uyyy qué cosa hubieran visto, la complicidad que puede unir tanto a una madre y a un hijo, nos seguimos caminando y se nos cruzaba la vista y nos adivinábamos en seguida lo que pensábamos.
Claro: yo en esta arma tan valiosa y el hooligan en como darle en la torre a su hermana, ¡qué risa malévola nos venía a cada rato! Ya teníamos ALGO en común, un secreto, éramos uña y mugre, como Rintintin y el Cabo Rusty, como el gordo y el flaco, como la Chilindrina y el Chavo del 8 ¡qué bárbaros!
Todavía después llegó el susodicho y nos preguntó si la habíamos visto y nosotros entre risas maquiavélicas le contestábamos que ni su rastro, que si creíamos que se metió al cine o anduviera por ahí caminando y nosotros alzando una ceja contestábamos que ni idea. Así de insoportables anduvimos todo la tarde hasta que el susodicho ya después de 3 horas se hartó y le llamó al celular y le dijo que ya nos íbamos, que dónde andaba y hasta eso no puso resistencia, dijo que sí que porque el chamaquito también ya se iba.

¡Ay Dios! No sé si ahora que le confiese las locuras a la psicóloga me de palmadas en el hombro y me diga: “Está bien señora todo sea por la comunicación con los hijos” o me saque una hoja de inscripción para el El San Bernardino , pero eso fue lo que le faltó a la Lady Di, que se hiciera uña y mugre con el William y le dijeran a Carlos, "¿A verrrrrr a ver quien no quiere que la reina se entere que anda de lagartóoooon con la vieja esa fea, quieeeén? Y les juro que aquí seguiría vivita y coleando en la revista del Hola.

Ahhhhhh pero qué bien se siente mimetizarse con los hijos, aunque sea por pura maldad, aunque una cosa sí les digo, llegué derechito a revisar cada rincón de la casa a ver si no hay camaritas por ahí, no vaya a ser que el hooligan quiera voltearme la tortilla y me aplique su estrategia ¡faltaba más!
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