24 septiembre 2007

EL DIENTE-FINO

DOS PALABRAS PROHIBIDAS


Hace algunos años, cuando todavía no se inventaban los ciber cafés para ir a caer cuando uno no tenía computadora, si se nos descomponía algo o que no le entendíamos ni jota a estas cuestiones tecnológicas le hablábamos al el Diente-Fino, así le puso el susodicho que ya ven que tiene complejo de cura y se la pasa bautizando con apodos a medio mundo. Apenas ayer le puso al vecino de junto “El Calentureitor” que porque lo vió con la novia dándose un agasajo que Dios guarde la hora. Yo todavía muy ingenua fui y le pregunté que qué estaban haciendo no por chismosa, si no para ver si alguna idea frijoleira se le pegaba al susodicho, digo…que al menos lo chismoso le sea productivo ¿no?

Así se tenía bautizados a toda la colonia de donde vivíamos antes: La Pañalona (quesque por que le hacía mucho bulto el pantalón y no eran prótesis ¡háganme favor!), Los Tortugos, los Aristogatos, La Rorra y así, que no termino nunca. Bueno el caso es que venía el Diente Fino a componer lo que le descomponíamos a la computadora y el susodicho se plantaba ahí como un árbitro a medio campo, examinándole cada movimiento que porque según él, el Diente Fino era un lagartón y andaba pasándose de coqueto, hasta me decía el muy celoso, “A mi que no me quiera ver la cara que este quiere arreglarle los bytes pero no precisamente a la computadora” ¡háganme favor!


Yo siempre le pellizcaba muy disimulada para que no se nos fuera a espantar el Diente Fino y le contestaba que esos bytes no brincan en mi petate ¡pos faltaba más! Pero aquí entre nos, a mi me encantaba ver celoso al susodicho poniéndole cara de pocos amigos y bufando como toro de lidia caminando de un lado al otro de la habitación, más bufaba cuando encima de todo le tenía que pagar.

Luego ya que se iba lo primeritito que hacía el susodicho era amenazarnos de muerte a todos para que no le moviéramos nada a la computadora con tal de que no se volviera a descomponer.

-Ay mi vida, pero si parece lombriz el Diente fino- le decía y me le enredaba en el brazo y el otro que todavía no terminaba de bufar se ponía en un estado que solo le sale a él: muy contento de que ya podía ver sus páginas de las palomas mensajeras pero con la cara de odio.

Pero es que ya saben que decir eso resulta como cuando en la clase de gramática te decía la maestra: El opuesto de triste es feliz, de alto es bajo, lombriz es panzón. Por eso ya mejor ni digo nada ahora que se descompuso la compu, nadie menciona ni la palabra “diente” y mucho menos “fino”. Con decirles que llamó una señora paciente del susodicho que tenía dolor y Lady Pubertiana le dijo al susodicho: “Papá, te llamó la Señora Argüero que le duele estem…, que le duele ejem.... el primer molar” con tal de no decir la palabra y yo le enseñé el catálogo de unos zapatos que vende la Pañalona y le dije que se ven que son muy..ejem..muy estem... hechos con un alto control de calidad.

Así que ya saben, no se les ocurra pronunciar ni escribir esas dos palabras porque una de dos: o me quedo viuda de que a este hombre le da un infarto o me quedo sin computadora y bueno, lo segundo sí que es grave ¿no?


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