24 abril 2006

MARCADOR FINAL

MARCADOR FINAL

No están ustedes para saberlo, pero yo sí estoy para contarles que el Sábado me quedé toda la tarde en estado vegetativo, no moví más que apenas un dedo para cambiarle al canal del control remoto. Hacía años que no hacía eso de no hacer nada pero lo que se dice N-A-D-A, y es que mi querido hooligan se fue con el vecinito a jugar, el susodicho se fue a sacar muelas y Lady Pubertiana nació floja la pobre, entonces no tenía yo ninguna preocupación de nada.

Me quedé viendo un programa de esos que se inventan los gringuitos donde una pareja tiene que demostrar las manías del otro. Ponen camaritas por toda la casa y luego un jurado califica la que resulte más exasperante. Uhhhh ya me veía yo ahí sentada con el susodicho con el jurado enfrente ¡qué cosa!

Yo parada diciéndole a la camarita “Van a ver como ahorita que saque un vaso, el susodicho me va a decir: ¿Sacarías un vaso?” como le encanta hacer como para sentir que a él se le ocurrió primero y a mi me deja peor que si me hubiera electrocutado del coraje. ¿Ya se imaginan no? Si me sirvo salsa, me dice “sírvete salsa” justo al instante en que me la estoy sirviendo y así. Ahí ya fácil llevaría el marcador uno a cero a mi favor.

Luego seguiría demostrándole a la audiencia de los Estados Unidos cómo el susodicho no resiste reacomodar los platos en la lava trastes que por que según él yo los pongo al revés ¡válgame el cielo! Como si la máquina esta tuviera flechas indicadoras de por dónde pasa mejor el jabón, así que ahí ya iríamos 2 a cero.

Y la última, donde me anotaría el gol de oro sería demostrar cómo el hombre revuelve todos los alimentos que vengan en un mismo plato ¡qué espanto! Ahí va el arroz debajo de la carne y encima de los frijoles que no sabe uno ni qué es lo que se estará comiendo el hombre este. Pobre, y eso que el hombre está amenazado de muerte para que no lo haga fuera de esta casa, así que ya estaría la camarita haciendo zoom al revoltijo del plato de este señor y yo coronándome como la ganadora indiscutible y todos aplaudiéndome alrededor, los niños felices brinque y brinque del gusto, mil llamadas telefónicas para felicitarme mientras me entregan un sobre con 25 mil dólares para el shopping, ¡Woaooooo, qué alegría más grande de veras!

De todos modos me quedé muy contenta porque cuando una por fin puede quedarse en posición horizontal en un sillón mullido por más de 15 minutos sin que nadie interrumpa no quedan fuerzas para disgustarse con las mañas espantosas de tu marido, mucho menos para ir cobrar un premio imaginario.



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