21 abril 2006

LA FAMA DURA APENAS UN RONQUIDO

LA FAMA DURA APENAS UN RONQUIDO


Será por el cuestionario este que contesté que me sentí importante o qué sé yo, que ayer en la noche entre que hacía un calor del diablo y me la pasé flanco a la izquierda, flanco a la derecha y no encontraba acomodo y que al condenado del susodicho le ha dado por dormirse como si estuviera en el kinder formado en la fila tomando distancia con el brazo todo estirado y cuando se lo trato de mover el pobre hombre hasta lo tiene engarrotado hasta que le doy una patada muy disimulada y toma distancia para el otro lado ¡qué suplicio! Hasta que en una de esas que me hice bolita como cochinilla me dio por soñar que éramos una familia de lo más famosa y salíamos en todas las revistas ¡qué bruto!



Ya íbamos y veníamos a los restaurantes de mantel de tela y a donde volteábamos paparazzi por aquí paparazzi por allá y al otro día ¡zaz! “Los encontramos comiendo camarones al ajillo” en el encabezado del TV y Novelas.

¡Qué les digo! Entrábamos al mismo hotel donde se hospedaba la Salma y la pobre se ponía a hacer berrinche cuando le pasábamos junto y ni quien la volteara a ver.

Luego ya estando en nuestra habitación, yo veía al hooligan peinado con gel como jamás se deja que lo peine. Hasta se ponía una playera y se acercaba a preguntarme “¿Me despeiné?”, ¡qué barbaridad! Todo era perfecto, T- O- D-O.

Lady Pubertiana de lo más ordenada del mundo, yo le decía, “No mija aquí no tienes que alzar que no ves que es hotel y aquí todo lo hacen” y ella me contestaba que no le importaba con tal de ver todo en su lugar, con decirles que hasta la pobre escuincla se inventó un bote para la ropa sucia con tal de no verla tirada en el suelo ¡que dicha la mía! Todo era perfecto, T-O-D-O.

Luego llegaba el susodicho sin un gramo de grasa, un estómago liiiiso liiiiiiso como el burro de planchar y caminaba despacito frente a mí ¡qué cosa! Yo lo veía pasar y hasta se me caía la baba como nunca. Se acercaba y me decía "¿Vamos de shopping?" ¡Madre mía, qué hombre!

Todo iba de lo más perfecto, T-O-D-O, hasta que se me ocurrió pararme al baño y hasta tuve cuidado pensando que no me fuera a salir un paparazzi de atrás de la regadera y ya cuando entreabrí un ojo, lo primero que ví fue el cestito donde el susodicho pone unas revistas, porque he de confesarles desde la intimidad de este diario tan pero taaan íntimo que mi marido cuando caga es el hombre más letrado del mundo. Quién se iba a imaginar que la literatura le iba a poner en órden la digestión al hombre este.




Y ya en una de esas que pude afocar la vista, que veo la misma revista que soñé y no era yo, si no la flacucha esa de la Paris Hilton que lo único que tiene son hoteles la desgraciada. ¡Ay qué tristeza me agarró, qué horror! Ya no éramos ni famosos, ni a nadie le importaba qué marca de pasta dental usamos. Para pronto fui a ver a mi querido hooligan y ahí estaba durmiendo de lo más plácido con un greñero que Dios guarde la hora, y luego fui a ver a Lady Pubertiana pero no pude llegar hasta su cama del tiradero de ropa que tenía regado por todos lados.

Me regresé a acostarme suspirando, ¡qué cosa! El susodicho dejó de tomar distancia y me abrazó y así me quedé por fin dormida.

¡Ahhhh qué cosas, apenas un ronquido nos duró la fama en esta casa!

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