11 abril 2006

LOS SACRIFICIOS DEL ATÚN

LOS SACRIFICIOS DEL ATÚN


Ya estamos en semana santa y el susodicho que jamás pisa una iglesia quiere que los viernes comamos atún, que porque si comemos cualquier otra cosa es pecado dice el hombre.

Yo ya le dije que más pecado es llevarle la contra en todo a mi mamá y como para condenarse en el infierno disfrutarlo tanto como lo disfruta él, pero el muy sarcástico dice que eso se lo dispensan en el cielo, ¡no hay remedio con este hombre!

Y eso que antes de cada reunión familiar lo amenazo de muerte y lo hago comprender que me deja a mi en medio, como espada contra la pared, como si jugaran los Pumas contra la Selección Mexicana, simplemente no le puedes ir a uno cuando a la vez le vas al otro. Pero el hombre lleva un Lavolpe dentro, uno que le encanta hacer repelar a la pobre de su suegra cuando ella dice “Me acuerdo que fulanita llevaba falda” y él entra a media cancha a querer meter penalti “Pues no, sutanita llevaba pantalones” ¡qué horror! De tarjeta roja. Entonces aplico la táctica de oposición para el atacante contrario y le doy una patada en la espinilla por abajo del mantel que significa: “Cállate cha-cha-la-ca”

Y yo estoy en las gradas viendo el “Que sí, que no, que sí, que no” sin nadie a quien irle ¡qué cosa!

Por eso ya le hice jurar y perjurar al susodicho que se puede comer sus milanesas que tanto le gustan pero a cambio va a hacer el sacrificio de decirle a la suegra a todo que sí, que a fin de cuentas vale más que 25 viernes de atún. Aunque casi estoy segura que este condenado ya está condenado.

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