27 febrero 2006

PARAÍSO PARA UNA SUEGRA

PARAÍSO PARA UNA SUEGRA



El sábado que ya estaba todo oscuro y apenas caí en la cuenta de que mi querido hooligan se había quedado en la calle jugando con la vecinita, una niña que tendrá unos 9 años y que diario viene a tocar el timbre a las 4:10 como de tarea. Hasta le hacemos burla al hooligan con que lo viene a buscar su admiradora y el pobre se enoja y luego se pone todo colorado. También hemos empezado a hacer quinielas, “$5 pesos a que hoy toca a las 4:20”, “$10 a que a las 4:15”, hasta la muy lista de Lady Pubertiana con tal de llevarse el dinero dijo “20 pesos a que toca a las cuatro con seis segundos” y nada más vemos que se acerca la hora y en la casa se hace un silencio de ultratumba, nadie habla, nadie opina, como si se nos hubiera muerto alguien y el susodicho apaga la televisión mientras nos quedamos todos entrecerrando los ojos muy al pendiente del reloj hasta que se escuche el “Ding Dong” y empiezan todos a gritar al mismo tiempo, y salen con que yo me lo gané, que no que fue él y así.

Lo mismo le digo a mi querido hooligan que tiene permiso hasta las 7 para estar de romance, y si no le pasa como a la Cenicienta y la patineta se le vuelve calabaza y yo me le vuelvo bruja, está advertido. Pero el escuincle no sé qué le pasó que por más que le hacía señas no me hacía caso. Entonces voy y me le planto atrás sin que se diera cuenta y le digo igual como cuando entrenábamos al perro que teníamos: “Adentro” con la diferencia que el perro a la primera obedecía y este niño ni a periodicazos entiende.

-¿Le das permiso de faltar el Lunes a la escuela porque yo no tengo clases y me voy a quedar aburrida? – me preguntaba la niña esta con los ojos como de canica brillooosos brilloooosos, pero la maldita de mí le dije que NO.

De pronto la niña se tira al suelo y me abraza la pierna diciendo “Anda, anda, porfis porfiiiiis, dí que sí” y yo seguía contestándole que no y ella más se me apretujaba la pierna, pobre escuincla, parecía perrito en pleno colofox.

Y yo para pronto le grité al susodicho para que viniera corriendo con la cámara a tomarme fotos porque éste sí que es el sueño de toda suegra: Tener a la nuera a los pies suplicando y estarán ustedes de acuerdo que en estos casos tiene que quedar alguna constancia para la posteridad.



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