10 febrero 2006

LOS VIERNES NO GANA UNA PARA ESPANTOS

LOS VIERNES NO GANA UNA PARA ESPANTOS

Hoy amanecí con el corazón en la garganta, ¡qué espanto! De esas veces que estás dormido y a la vez no estás porque estás viviendo cosas en los sueños, ahí andaba tomándome el café con un anciano que en mi vida he visto, cuando de repente así igualito como cuando se le iba la aguja al elepé y sonaba grisccchhh se escuchó como un bulto iba cayéndose de algún lado. Como ni en sueños he dejado los buenos modales a un lado, en un segundo le dije al señor del sueño con su permiso y me desperté de sopetón justo cuando escuché a Lady Pubertiana gritando.

Me levanté de la cama como resorte y me fui corriendo a ver qué pasaba. Me encontré a la escuincla esta viendo para abajo de la escalera y ahí entre los escalones con una mano en las mochilas de los niños y la otra en una taza de café, el pobre del susodicho tirado como res ¡qué susto! El pobre hombre jamás ha sido elástico, hasta trabajo le cuesta subir el pie para ponerse el calcetín y ahora estaba como compás a punto de girar 90 grados con una pierna apuntando al norte y la otra al suroeste.


Pálida como una hoja bond me salté todos los escalones de un jalón hasta el descanso, ni la mujer biónica hubiera podido hacer eso y conste que ni siquiera se escuchó ni un chu-chu-chu. Lo ayudé a pararse, hay que reconocer que el susodicho es buen equilibrista porque siendo de los que llenan la taza del café hasta el tope que hasta le tienes que dar un sorbito porque si lo sirves como la gente normal, el hombre dice que son medias tazas, apenas y tiró unas cuantas gotas. Sacrificado este señor que prefiere golpearse todo antes de descompletar el último juego de tazas que nos queda.


Tenía el brazo todo raspado y con un futuro moretón marca ACME y a mi me entró un sentido sobre protector que Dios guarde la hora, un querer abrazarlo fuerte, un querer sobarle el brazo con Vitacilina que ya sé que no es para golpes pero en esta casa se usa para todo, tienes un piquete: Vitacilina, tienes comezón: Vitacilina, tienes mocos: Vitacilina, tienes un marido tirado en la escalera: Vitacilina.

Ya embadurnado todo el brazo del susodicho le recargué la cabeza en el hombro y le tomé la mano.

-Qué susto me pegaste- le digo en tono quedo, ya con la calma y a la vez las prisas de que se aproximan las siete de la mañana y nadie está listo. Nada más de imaginar que en lugar de compás hubiera terminado como transportador se me hacen las piernas de hilacha.

-Mejor no hay que ir a la escuela- escuché que dijo el hooligan que siempre se quiere colgar de cualquier pretexto.

-Si tu ni cuenta te diste cómo fue rebotando escalón por escalón porque estabas como zombi de dormido- le gritaba Lady Pubertiana que es buena para contrapuntear, de seguro no va a ser chef como ella dice porque tiene una pinta de reportera amarillista que no vieran.

Ya pasado el susto y todos listos se subieron al coche. Le dí un beso al susodicho de esos besos con los que adornan la palabra FIN en las telenovelas, que hasta los hijos ya en el coche nos tocaban el claxon y los muy desgraciados nos gritaban “¡Échenles agua!” ¡Ashhhh de veras que nadie aguanta 3 minutos de romanticismo en estos días!

Y me quedé al filo de la puerta diciéndoles adiós con la mano mientras veía como se iba alejando el coche justo cuando pasó frente a la casa un señor de boina y bufanda paseando a un perro de raza eléctrica, volteó y me alzó la ceja en forma de saludo con un gesto bondadoso y bonachón y yo le correspondí el saludo. Mientras iba cerrando la puerta me cayó el veinte de que era idéntico al señor del café de mi sueños. ¡Ayyyyyyyy qué miedo me dio! ¿Qué hace aquí si lo dejé tomando café? ¿Porqué pasear al perro a estas horas de la mañana? ¡Qué horror!

Qué mañanas de susto caray, a este paso ni el wonderbra me va a curar de tanto espanto.

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