12 diciembre 2005

EL RECUENTO DE LOS DAÑOS

EL RECUENTO DE LOS DAÑOS


Yo qué les digo, regresé como cuando se te ocurre pegarle la lengua a las pilas esas cuadradas: ¡Hecha calambres! Pero eso sí, relajada y feliz de la vida gracias a los buenos deseos de todos ustedes que pasaron a echarnos porras, que su teclado sea de profetas siempre.

Estos días el susodicho y yo nos fuimos de luna de miel sin poner un pie en la calle… ¿Suena de lo más raro no? Pero funcionó y les confieso que nos la pasamos mejor que en cualquier Hilton, aunque no sea lo mismo estar en un lugar de esos donde se dan el lujo de tener todo en color blanco y las alfombras están siempre bien aspiradas que tropezarse con tanto cariño con las pantuflas que dejó Lady Pubertiana a medio pasillo.


Y así que se nos fueran estos días de reencuentro, de dejar atrás esa nostalgia de sentirnos tan cerca el uno del otro, muy lejos de las endodoncias y de tanto que hacer de todos los días, de que el susodicho cual vil Juan Diego se dejara a ésta, su servidora, estampadita por todo el frente aunque a estas alturas del partido de virgen ya no me quede ni la sombra.

Desde hace mucho tiempo que el susodicho no decía su “Mmmmmm” de tonito pervertido cuando me agaché a recoger las pantuflas de la escuincla, ni que yo le pegaba la vista de rayos X de aeropuerto de arriba para abajo revisándolo todito.

¿Por qué se nos olvidarán estas cosas si son gratis?

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1 comentarios:

Humano dijo...

Pues... no se, pero lo mas bonito de olvidar las cosas, es que de repente se encuentran.