25 noviembre 2005

LA PSICOLOGÍA DE LA DOBLE "T"

LA PSICOLOGÍA DE LA DOBLE “T”


Ayer en la noche con un nudo en la garganta y los ojos temblando como los de Heidi, caí en la cuenta de que soy lo que nunca quise ser.

Me di cuenta cuando después de esas típicas discusiones matrimoniales que se echa una con olor a plumas (no de esas que están pensando, nos tenemos amor y confianza pero cada quien sus tripas), me refiero a las plumas de las palomas mensajeras del susodicho, que es el punto donde nos podemos querer hasta que la muerte nos separe, pero también nos podemos odiar queriendo que la muerte de una vez por todas nos haga el favorcito. Entonces me voy del epicentro del problema con la campanilla todavía zangoloteándose en la garganta y sin darme cuenta lleno mi cubeta de agua y tomo el trapeador y comienzo a fregar pisos por aquí y por allá sin parar y ya después de un rato voy y me sirvo un vaso de agua y se me olvida porqué empecé a trapear si la Sofiringa para eso le pagué el día, para que dejara todo limpio.

Entonces, con un escozor en el cuerpo, me doy cuenta de que sistemáticamente hago lo mismo y en lugar de ir como la gente normal a hacer cita con el psicólogo y pagarle una consulta para que me oiga una hora sin respingar, yo al contrario, si me enojo por angas o mangas o estoy nerviosa o lo que sea, voy y lo primero que busco antes que una aspirina es mi TT, “Mi TERAPIA del TRAPEADOR

¡Madre mía, qué miedo me doy a veces!




¿Qué poder curativo tienen sus tiras blanqui-amarillas?, ¿De qué cultura lejana y misteriosa vendrá la aromaterapia del Pinol?

Y fue así que me acordé de pronto de una señora que conocí, toda una ama de casa de esas que solo existen en la Familia Ingalls, con su delantal siempre bien planchadito y su casa albeando de limpio y siempre que caminabas por enfrente olía a panecillos recién horneados, pero ya conociendo después a su familia te enterabas que el marido no era como el Charles Ingalls que se ocupaba nada más en cortar leña y llegar a casa temprano, este era un macho desgraciado con una familia perdida por ahí, y para colmo el hijo la versión de Nelly Olsen con sus caireles pero de rastas, bien alcohólico y tirado a la vagancia, pero ella siempre con la frente muy en alto y el trapeador bien firme en la mano, sonriendo en la puerta de su casa y a mi me hasta calambres me daba verla se los juro.




Así que ustedes ya saben. Si algún día vienen a mi casa y notan los pisos muy sucios y empolvados no vayan a decir, “Mira no más esta vieja ni por casualidad limpia la muy puerca” Simplemente tengan ustedes la certeza de que en esa casa de pisos tan cochinos vive una mujer relajada y FELIZ.


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