23 agosto 2005

MARTES OJEROSO

MARTES OJEROSO

Les escribo hoy con mucho trabajo. Amanecí hoy con unas ojeras que me llegan al suelo y es que bien podría tomarme un cafecito ahora mismo muy cargado de cafeína como de esos de velorio, y hubiera estado muy ad hoc porque casi amanezco viuda hoy.

No fue que el susodicho llegara tarde y tuviera ganas de estrangularlo como otras veces. Esta vez fue él solito, que a las dos de la madrugada se empezó a retorcer peor que la niña del exorcista. Decía que le dolía el estómago y que se sentía muy mal. El hombre este es el que mantiene la industria farmacéutica de la Ranitidina, ha comprado más cajitas de esas pastillitas que cualquier otra cosa en su vida y justo ayer su stock se terminó.

Decía que se moría, pero yo lo veía vivito y coleando, bueno, más bien nada más vivito y le dije que se acostara porque ya no está una para andar cargando bultos a esas horas de la madrugada.

¡Qué susto me metió el hombre este! De pronto me imaginé viuda y sola, sin nadie que me ayude a hacer los sándwiches para el lunch de la escuela, sin nadie que ponga el café bien temprano como lo pone él, entonces corrí por el bicarbonato y le llené la boca de Melox hasta que se le fue pasando.

Apenas pude pegar el ojo cuando ya sonaba el despertador para empezar el trajín del día. En cambio el susodicho amaneció muy fresco, como si nada. Y yo sigo como drogada. Se le quitaron sus males tirándose un pedo, y yo me siento fatal, como si trajera la cagada encima. Que bueno que no tenemos escopeta por que si no estoy segura que me la cargaba el diablo. ¡No hay justicia en el mundo de veras!


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