09 agosto 2005

Los castigos de mi querido hooligan

AMENAZAS PARA EL HOOLIGAN


Ayer me enojé con el hooligan. Lo primerito que hago, después de soltarle mi catálogo de amenazas y torturas, es tomar el teléfono y llamar a la policía. El piensa que en realidad lo estoy haciendo porque no pierde de vista mis dedos oprimiendo los botones de los números. Le empieza una temblorina que el escuincle ya se visualiza en un calabozo oscuro y frío lleno de candados y pidiendo agua.

El pobre cree que su madre está tan pero taaaaan cansada de andar correteándolo por toda la casa que hasta tiene que pedir refuerzos a las patrullas porque si no el escuincle simplemente no entra en cintura.

Cuando termino de marcar lo miro de refilón y clavo la mirada en algún lado. No falla, instintivamente voltea buscando qué es lo que veo mientras con la otra mano le cuelgo sin que se de cuenta y al instante que regresa la mirada al teléfono yo contesto:

-¿Base Mercurio? –

Y la cara de preocupación le va creciendo al pobre. Hasta comienza a abrir la boca casi babeando del susto y yo más me enojo porque justo terminé de trapear el piso caray.

-Si mire agente, tengo un escuincle aquí que está muy desobediente, a ver si puede venir por él y se trae un E400 porque está muy necio- le digo y como el hooligan me escucha muy convincente empieza el escuincle a pujar. Pujar sí, leyeron bien. Y es que el escuincle medio bufa como un toro y a la vez hace berrinche. Pero el muy inocente no sabe que el E400 son solo las cápsulas de vitamina E que me tomo todas las mañanas ¡Pobre! El ya se visualiza pasando el resto de su vida a la sombra.

Se hinca y me pide perdón con más devoción que cuando Beckham pedía perdón arrodillado por haber fallado un penal en la Eurocopa. Y yo lo miro con ternura, y entonces le digo que lo perdono siempre y cuando obedezca. Entonces el pobre hasta me da las gracias por haberlo indultado y se va muy tranquilo cuando me escucha llamar de nuevo a la Base Mercurio para decirles que ya no tan necesario el E400.

Como cambia el tiempo, mi mamá no más alzaba la chancla y listo, y ahora uno tiene que ser creativa porque si no no hay chancla que convenza.


¡Ya no escarmientan!




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