10 agosto 2005

LAS TORTAS DEL AMOR

LAS TORTAS DEL AMOR


La voz en el ser humano es definitivamente algo que te define. Si ves a un muchacho musculoso, guapísimo, con un caminar que ya lo quisiera el susodicho para un día de fiesta, tú en el interior lo engrandeces,…qué digo, hasta un altar le podría yo poner. Pero si el hombre abre la boca y le sale una voz de aguda, de esas de soprano ya en el interior escuchas el “¡grcchhhhshhhhhh!” del la aguja rayando el disco.

Como al susodicho le encanta hacer las compras, ya lo nombré el mandadero oficial de la despensa de esta casa. Ya hasta estoy pensando que le ha de gustar la vieja de la salchichonería porque el hombre no falla, trae jamón de pavo un día sí y el otro no, todavía no nos acabamos el paquete pero el, como en los partidos de su fútbol, ya tiene el cajón del refri como si fuera la banca, preparada para entrar al quite con el sándwich en cualquier momento.

Pero de repente al susodicho se le contraponen los pacientes y llega tarde. Entonces yo aplico el plan B y pido tortas a domicilio. Ya voy marcando los números y entre más avanzo más me vuelan mariposas en el estómago y es que el señor de las tortas tiene una voz de locutor de radio que me tiene enamorada.

Al hombre este le pido doble ración de jamón y cuando él dice “Con mucho gusto señora” yo estoy literalmente levitando se los juro.

El local de las tortas está como a 3 minutos de donde vivo, pero yo no quiero ir a comprarlas directo ahí, ni mandar a nadie. Prefiero esperar 30 minutos aunque los niños se estén retorciendo de hambre con tal de que el señor de las tortas me conteste.

Ya después llega el susodicho todo apurado dando mil explicaciones, y claro llega con otra bolsa llena de jamón de pavo y sushi, y ya que le digo que ya pedí tortas se empieza a retorcer como lombriz con sal, pero no dice nada por que sabe que ni de loca las cancelo, ¿Para que me odie el hombre de la voz de oro??? Naaaaaaaa ¡está loco!


Y así nos pasamos la tarde, comiendo nuestras tortas con una montaña de jamón y el sushi lo dejamos a un lado, por si a alguien le queda un huequito.


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