26 agosto 2005

FALSO O VERDADERO

FALSO O VERDADERO



Estoy que me lleva la tostada. Hoy mientras tomaba un café con leche light me di cuenta que crecí engañada, que toda mi vida es una mentira. ¡Dios de mi vida! Y quién sabe desde donde vengan las mentiras porque las raíces (creo yo) vienen desde nuestros tataratarabuelos ¡qué horror! Esta familia tiene que lavarse la lengua con jabón por heredar mentiras de generación en generación.

1. Me enteré que los sustos no provocan Diabetes. Gracias a esa cantaleta se me acabó la diversión cuando era niña.

2. No te mueres si te metes a la alberca después de comer. Mejor le bajé a la televisión para que mis hijos no escucharan porque si no seguro mañana amanezco asesinada.

3. Los mariscos no son afrodisíacos. Odio al degenerado del susodicho que utiliza cualquier pretexto para saciar sus instintos animales.

Todo eso le contaba al susodicho porque yo no podía pensar en nada más que en eso, pero el como de costumbre ni se inmutaba. El hombre estaba concentrado en el acto sexual de los elefantes que pasaban en el canal 11.

¿Se dan cuenta? Yo en un momento crucial de mi vida y él pensando en que los elefantes tienen semejante monstruosidad kilométrica y todo para que les dure el gusto apenas un minuto.

-¿Para qué quieren eso entonces? – Me decía el susodicho interrumpiéndome en el climax de mis traumas existenciales.


Hoy el susodicho nos dio una pastilla a cada quien quesque para desparasitarnos, como si fuéramos perros ¡válgame el cielo! Y hoy se siente el pobre hombre fatal, con unas nauseas espantosas y dice que seguramente tiene un zoológico adentro.

-Mi vida, yo creo que esto es otro de los mitos esos que se inventaron los ociosos de tus ancestros- le digo muy convencida. Y aquel que iba retorciéndose a tomar otra pastillita para completar el tratamiento se me quedaba viendo con esa cara que me hace cuando odia todo lo que le digo.

Ya estaba el hombre por rebatirme la idea cuando le dije que eso de traer un animal dentro de otro ya es una grosería espantosa y entonces mejor se fue agachadito, diciendo pestes de mi santa madre no sé porqué.




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