24 junio 2005

LAS TERAPIAS DEL SUSODICHO

LAS TERAPIAS DEL SUSODICHO


Para el susodicho ir de pasillo en pasillo en el supermercado es casi terapéutico, no le gusta gastar, pero le encanta tener que ver con cuanta persona se le atraviesa y siempre regresa diciendo que a alguien se encontró.

Hoy llegó cargado de bolsas porque resulta que tenemos casa llena. Lady Pubertiana tiene invitadas a 2 primas que al día de hoy ya llevan 3 días aquí. El único inconveniente es que la casa es un desastre y tengo que hacer fila para usar la computadora porque resulta que los escuincles de ahora son todos cibernautas ¡Válgame el cielo! Pero se los perdono porque una de mis sobrinas podría ser mi hija ideal, va todo el día detrás de mí como mi sombra y cuando pongo el cd de mi amadísimo Alejandro Sanz no dice nada, pero naaada, ni siquiera repela ni se le paran los pelos de punta, y es tan pero taaaan linda que hasta le da por tararear las canciones. Esta escuincla me tiene con el corazón partío, voy a ver con su mamá dónde podemos hacer el cambio.

Por fin me tocó ahorita por 15 minutos la compu, así que aprovecho y vengo a escribirles mientras en la cocina se hace el milagro de la multiplicación de los panes para que todos desayunen. Mañana les voy a dar de desayunar algo con cáscara y espinas para que se tarden más.

El susodicho termina de desempacar el alterón de litros de leche que compró y comienza con su ritual post-compras y pregunta, -¿Adivina a quién me encontré en el super?-

Entonces yo sé que tengo que empezar a nombrar a los vecinos para que el satisfaga su síndrome de ir descalificando personas. Ya que vé que no le atiné a ninguno entonces con una felicidad que no le cabe en el pecho me da la respuesta.


Estoy segura que en sus ayeres, el susodicho debió de ser de esos niños gorditos que cargaban su alterón de estampitas y empezaba con otro niño a decir: “Ya la tengo, repetida, repetida, ya la tengo”.

- Me encontré a la Señora esposa del viejo ese del choque, con una de sus hijas – me dice.

-Ahhhhh ¿Y no le dijo a la hija, “Mira ahí va el estúpido con el que choqué el otro día”- Le digo.

-No al contrario, le dijo a su hija “Mira ahí va el esposo de la estúpida con la que chocamos”- Me contesta el muy ingrato mientras se me acerca y me da un beso, y saca de una bolsa las galletitas de fibra dietéticas esas que saben a cartón que el muy detallista me compró.

¿Se dan cuenta? El muy móndrigo desgraciado se acordó de mí ...No cabe duda, ¡Este es amor del bueno!



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