12 abril 2005

EL VECINO ACECHA

EL VECINO ACECHA



Lady Pubertiana y yo tenemos algo en común que nos une todavía más: Estamos enamoradas de un vecino. Claro ella tiene al suyo que no se compara con mi bombón. El suyo es un escuincle que seguramente todavía no sabe ni limpiarse la cola solo y ahí lo ves, desgarbado y despeinado queriendo hacer acrobacias al filo de la banqueta trepado en su patineta.

A Lady Pubertiana se le despertó la hormona y nada más escucha el ruidito de las llantas y como un milagro de pronto se vuelve misericordiosa y se acuerda que tiene hermano y le pide que la acompañe a andar en bici (casualmente)



- Oye mijita, dos cosas nada más - le dije a manera de esos consejos que siempre las madres damos cuando llega el momento, -Si el escuincle ese te dice que quiere escuchar tu corazón de cerca porque le recuerda el ritmo de sus acrobacias o que las llantas de la patineta son más estables en el campo no se te ocurra creerle -

Ahí los ves en la calle, apenas y se escucha un Hola y fingen que cada quien está en lo suyo cuando ni se pierden detalle. Yo no me acerco, no quiero ser la madre metiche fiscalizando cada movimiento y los vigilo de lejitos hasta que veo pasar el coche del bombón de mi vecino acercarse justo frente a ellos y me apuro entonces, porque una madre comprometida “tiene que estar cerca de sus hijos”.

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