27 julio 2004

¿QUIÉN DICE QUE NO SE PUEDE?
 
 
Estábamos en una boda de una prima. El salón lucía espléndido y los invitados disfrutábamos del momento compartiendo con la jóven pareja su felicidad. De pronto noté que a dos mesas de la mía estaba sentada una familia y al lado de una mujer de aspecto recio, un jóven sentado en una silla de ruedas. 
 
Inclinaba la cabeza y uno de sus brazos se mantenía semi levantado con la mano doblada hacia abajo haciendo movimientos giratorios. Su madre se levantó y le colocó una de las servilletas en el pecho acercándole un vaso de refresco. Le sostuvo la cabeza con un brazo mientras con el otro le acercaba el vaso hacia la boca. El brazo de su madre se volvió un mástil de roble firme que sostenía los movimientos incontrolables de su cabeza y por fin pudo darle algunos sorbos al refresco mientras chorreaba su servilleta.  Le retiró la servilleta y volvió a sentarse tomándolo de la mano. Sé muy bien que en aquella caricia iba toda la entereza de un amor infinito que solo una madre puede dar para un hijo con parálisis cerebral.
 
Cualquier persona no puede dejar de reflexionar y valorar lo "gratis" que tenemos tan alcance de nuestras manos cuando ves situaciones como ésta. Pero eso no es todo. Lo más admirable es que este muchachito de veintitantos años, atrapado en un cuerpo que no le responde, posee una mente brillante, talvez mucho más brillante que la de muchos. Estudió Primaria, Secundaria, Preparatoria y hasta Universidad. Ha escrito algunos libros, da conferencias  tanto a estudiantes como a  gente que busca un motivo de superación. Su hermano, su madre siempre inseparable le han prestado su cuerpo, sus manos, su voz para que él pueda expresar cada palabra que en su silencio no le es posible decir. Su nombre es Ricardo. Un nombre que quedará escrito en todos los corazones que tengan la fortuna de conocerlo.
 
"Tal vez exteriormente sólo refleje un cuerpo con muchas carencias y limitaciones, pero interiormente soy un ser tan pleno como el mejor, con deseos de vivir, y vivir plenamente, no sólo de existir.¡No sólo hay que decir, hay que hacer!La libertad pura es aquella con la que vives sin darte cuenta, pero que disfrutas.La libertad es poder hacer de tu vida un fracaso o un éxito. No se puede ser brillante y fracasar en la familia; los hombres se ven más con el corazón que con la inteligencia. El creer está muy devaluado, hay que ser.No importa tu credo, debes buscar ser un humano en plenitud."
 
Ricardo Raúl Schega
  






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