23 julio 2004

CRUZANDO EL CHAL

Pasé como diariamente por la Avenida que me traía del trabajo a la casa. Súbitamente un auto salió de un hotel de paso y rozó mi automóvil. Me detuve muy sorprendida con la intención de bajarme a cuantificar los daños en la carrocería, pero aquel auto aceleró su marcha y dobló en la primera esquina. Solo tuve oportunidad de apuntar las placas y el modelo del automovil, sabiendo de antemano, que ésta vez la que perdió más fuí yo.

Tres días después como ironía de la casualidad encontré el mismo automóvil estacionado en el supermercado al que acostumbro ir. Busqué con ansiedad en mi bolsa de mano el papelito donde había apuntado los datos del auto con el que choqué. ¡Ahí estaba!  Bajé de mi automóvil y repetí los números y letras de la placa en voz alta para cerciorarme de que eran los mismos. Todavía tenía el golpe con restos de la pintura de mi coche incrustrada sobre su defensa. No había duda, era el mismo.

Al no ver a nadie cerca decidí que lo mejor era esperar a que el dueño apareciera para de ese modo poder reclamarle su huída, talvez con un poco de suerte conseguiría que me pagara algún porcentaje de lo que la aseguradora había cotizado el golpe.  De pronto salió del supermercado una familia. La pareja con sus dos pequeños hijos quienes se acercaron al automóvil para abrir la cajuela y guardar sus compras.  Muy sutilmente le pedí al señor que se acercara pensando que no era conveniente reconstruir los hechos delante de su esposa por el detalle aquel del lugar donde iba saliendo cuando chocamos. Era una manera de ahorrarle en futuro problema al hombre este. 

Le relaté los sucesos con detalle como para que en su memoria refrescara todo aquel suceso.
- ¿Recuerda que el martes chocamos cuando iba saliendo de aquel hotel? - Le dije con voz cautelosa. - ¡Fue conmigo con quien se impacto!-  Debo confesar que maliciosamente hice un poco de incapié en aquello de "aquel hotel" previniendo así que al sentirse evidenciado ante mí no pudiera echarse para atrás y llegáramos a algún arreglo.

De pronto, el hombre inclinó la cabeza mientras se llevaba las manos entre su cabello. Noté en su semblante un cierto tono rojizo, como si por dentro llevara un pocillo de agua hirviendo.  Seguramente estaba enojado y me reclamaría. Estaba preparada para afrontar el pleito.

El hombre caminó hacia su esposa y con una voz que no podría describir le preguntó: -¿Sonia, dónde me dijiste que chocaste?-

 
- Upps !!  Tragé saliva y me quedé paralizada sin saber qué hacer. De pronto el golpe se hizo pequeñiiiiito pequeñiiiiito, casi ni se notaba comparado con aquel otro golpe...que digo golpe...¡golpazo!

 
Les diré que esto no es ficción, ni un cuento que se me ocurrió. Fue de esos ejercicios anecdotarios que usualmente practicamos las vecinas y su servidora mientras los chavales gastan sus pilas andando en bici.  Todo esto para no decir que estamos en el chisme..que conste ! jeje

Conclusión:  Cuando vayas a un lugar de esos ..... ¡No lleves tu auto !  ;)

Buen fin de semana bloggeros.....que descanseeeeeeeeeeeen !

 




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