21 julio 2004

"Mamá soy Paquito; SÍ haré travesuras"
 
El batallón ajustó su cinturón de seguridad y emprendimos el viaje cuesta abajo de la colina. Las curvas impulsaban una fuerza de gravedad extraña hacia el extremo opuesto de las ventanillas que obligaba a los niños a incrustar la cara contra el cristal. Seguíamos el camino rodeados de un paisaje rocoso, donde emergían curiosas cascadas de agua lodosa cuesta abajo y teníamos que hacer maniobras impresionantes para esquivar la caída de agua. De pronto a lo lejos, como un oasis en medio del desierto, pudimos ver un lago inmenso que brillaba con la luz de la mañana con reflejos que parecían rayos lasser a través del parabrisas. Lo bueno de todo es que el susodicho y yo usábamos nuestros lentes anti-rayos que nos protegían la vista y con ello pudimos rodear con increíble estabilidad las curvas que encontrábamos. De pronto encendimos los controles turbo-acuáticos mientras los niños se sentaron al extremo derecho del asiento listos para ser testigos de nuestra proeza al cruzar aquel infinito lago. Borbotones de agua salieron disparados bajo nuestras atónitas miradas.

Hicimos un alto. Un beso para los niños mientras nos acercábamos a la portón de entrada al curso de verano. Entonces el susodicho y yo volvimos al mundo real. Él al consultorio y yo al negocio. Talvez para muchos el camino sea como cualquiera, inclusive con el incoveniente de que por las lluvias el camino esté todo encharcado, pero para nosotros, la aventura fue genial mientras no haya un momento en que dejemos de ser niños.

 
Buen día bloggeros !

 



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