19 junio 2008

LOS SUSTOS TRAEN FELICIDAD

LOS SUSTOS TRAEN FELICIDAD


Yo no sé si serán los años o qué pero ayer que llegamos a la casa después de estar todo el santo día en la calle, luego que en un partido de futbol del hooligan y así, ya parecíamos perros de mercado dando vueltas en el mismo lugar buscando donde sentarnos. Hasta le pedí un vaso con agua a Lady Pubertiana y esa que no le hace un favor a nadie, así de cansada me lo fue a servir como quien dice a esta hay que cansarla para que obedezca a la primera.

Todo iba bien les juro, cuando escuchamos un portazo y pasos en la escalera. ¡Ay no se imaginan el escalofrío que nos dio a todos! La cara nos iba de color verde agua de panteón a amarillo hepatitis del susto, de esas veces que quieres gritar pero no te sale la voz del miedo.

-¿Y..y..y..y.. si es la Llorona? – dijo el hooligan.

Ay les juro que veíamos la silueta negra moverse en la oscuridad, ni para acercarse a prender la luz porque ni un valiente que se atreviera, éramos 4 gallinas temblando ¡qué cosa!

-Se..eee…eee…ñoooooohohohohora- se escuchaba la voz decir del más allá.

-¡Zácale! Necesitamos un medium para que nos interprete a quien llama- dijo Lady Pubertiana.

-Está muy claro, es a ti – dijo el susodicho señalándome.

Pero qué esperanzas que me fuera yo a parar frente al fantasma ese, primero muerta que ir a platicarle a la llorona.

-Ve tu – le dije al susodicho, - tu eres el hombre de la casa.

Qué hombre ni qué hombre, el susodicho estaba escondido detrás del garrafón de agua temblando como puerquito que llevan al matadero.

-Un chin-chan-pu a ver a quien le toca – dijo el hooligan. Y ahí vamos todos de obedientes a hacer piedra, papel o tijera. Claro, le tocó al hooligan que ya estaba retorciéndose como lombriz de que porqué el, que el es el más chico de la casa, que si queríamos verlo muerto mejor le hubiéramos dicho antes.

-Si tu fuiste el de la idea te friegas, ahora vas – le dijo Lady Pubertiana que nunca pierde el tino para molestarlo.

Le dí la bendición al pobre escuincle por si acaso la llorona se lo llevaba y no lo volvíamos a ver. Lo vi irse despacito, reclamándonos con señas que lo hubiéramos mandado, se fue desapareciendo en al oscuridad.

Paso un buen rato y nada, no se escuchaba nada, ni señales del hooligan.

-Ve a buscarlo – le dije al susodicho apretando los dientes, porque siempre que le habla uno apretadito bien que obedece.

-Y si no vuelvo – dice el susodicho.

-Ya estará de Dios que me tenga que sacrificar buscando otro marido – le contesté sarcástica.

Entre Lady Pubertiana y yo lo despegamos del garrafón y lo empujamos al pasillo, y pa colmo igual que el hooligan se fue perdiendo en la oscuridad.

Lady Pubertiana y yo nos encerramos en la despensa, por lo menos si la llorona no tiene suficiente con esos dos ahí nos escondemos bien y hasta tenemos algo para botanear mientras.

No recuerdo cuánto tiempo habrá pasado, Lady Pubertiana y yo ya estábamos cansadas de estar encerradas en la despensa, ya hasta nos habíamos comido unas papas Sabritas que nos encontramos ahí y nada, cuando en eso escuchamos un grito de: GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOL! y otra vez el "Señoooohohohoraaaaa"

Sería que los vecinos estuvieran viendo un partido de futbol sin imaginarse que ahí dentro en la despensa no estaba ni el pan, ni el consomé, solo dos mujeres desvalidas y muertas de miedo a punto de ser devoradas por la Llorona ¡que horror!

Nos armamos de valor y mejor salimos, porque entre que le estaba haciendo la digestión a la Lady Pubertiana y que ya estábamos acalambradas, ni poder estar ahí un minuto más, cuando para nuestra sorpresa vimos la luz prendida y la televisión también, ahí vamos asomándonos cuando vemos muy campantes al susodicho y al hooligan viendo la mentada Eurocopa y junto con ellos ¿quién creen? La Sofiringa siriviéndoles cacahuatitos japoneses y cervecita.

Iba a ahorcar al hooligan pero me contuve porque me falta presumirle a la Güera Ruvalcaba que el hooligan pasó de año, y al susodicho no lo ahorqué porque hacen falta algo de frijoleiros y ni modo de andar por la vida sin, y a la Sofiringa ya la tenía con el pezcuezo bien agarrado cuando me acordé del alterón de la ropa para planchar y entonces mejor respiré, conté hasta 10 y les dije hasta de lo que se iban a morir por no irnos a avisar ¡pos estos!

Dijo la Sofiringa literalmente: “Es que no me hallé” que por eso mejor se retachó para la casa.

Bueno, al menos algo de felicidad nos trajo el susto ya con la Sofiringa de regreso.

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