21 enero 2008

LOS FINALES NO SIEMPRE SON TAN MALOS

LOS FINALES NO SIEMPRE SON TAN MALOS


Resulta que el viernes se terminó mi telenovela esa de la Romina que el libidinoso del susodicho dice que es buena (pero no de bondad ¡pos este!) y como todas las telenovelas acabó en boda pero con eso de que cenamos fondiú y que si sírveme más vinito y así me dieron unas pesadillas espantosas que no vieran.


La culpa la tuvo ese final loco porque resulta que los televidentes podían votar para ver con quién se casaba al final una de las protagonistas, si con menganito o perenganito y ahí la veías a la guzga de la protagonista viendo quien besa mejor ¡qué cosa!



Ay si así fuera todo en la vida real otro gallo cantara, yo ya hubiera puesto una votación aquí mismo:




Ya me estaba viendo en mi sueño correr todas las mañanas tempranitito como de rayo derechito al baño para peinarme y lavarme los dientes porque ni modo que mi argentino guapísimo me vea despertar con cara lavada y aliento de perro ¡ay no ni dios lo mande! Ya me estaba dando una flojera del demonio tener que bajar a hacer el café para subirle una tacita a mi argentino que apenas iba abriendo el ojo, cuando el susodicho toda la vida desde que nos casamos baja y lo primeritito que hace es poner la cafetera para subirme mi café, pero se me olvidaba cuando lo veía levantarse para ponerse el cojín atrás y la pijama se le hacía a un ladito y se le veía su estomago de lavadero ¡ay no no no qué cosa!

Todo iba bien se los juro, ni quejarse de que no tapara la pasta de dientes o que para colmo dejara chorreado el w.c. si hay que comprender que así son todos los hombres y se les perdona cuando vienen con esa sonrisita linda de mandíbula cuadrada a decirle a una: "Querés que vashamos a comer a un restorán o me hacés las tortitas de posho esas que te quedan tan buenas" ¡Ay dios! Hasta ganas de cocinar le entran a una ¡qué cosa!

Todo iba de maravilla les juro, TODO como en el HOLA, ni siquiera me enojaba de ver los paparazzis esconderse detrás del coche para tomarnos fotografías cuando salíamos a despedirnos. El me tomaba del brazo como todo un caballero, con su camisita esa negra de rayitas blancas con la que salió media telenovela caminando de lo más sexy y se acercaba a darme un beso de despedida porque ya se iba a grabar otro capítulo de la telenovela y en eso ¡zácale! No sé porqué diablos pero el susodicho que nadie lo invitó ahí estaba de metiche en mi sueño y pasaba en un auto rojo deportivo descapotable con la Romina a un lado y todavía el cínico libidinoso me decía adiós moviendo la mano y a mi se me retorcía el pescuezo peor que la niña del exorcista ¡qué horror!

Todavía el muy desgraciado se orillaba y mientras la tarada de Romina se levantaba con su vestidito ese que no deja nada a la imaginación y la muy lagartona se agachaba quesque para ver mejor. Ya se le iban saliendo al susodicho los ojos cuando me le acercaba apretando los dientes y le decía así bajito para que no oyeran los paparazzis, “Te me ba-jas ahoritita mismo de ahí” y le hacía seña de tronar los dedos que bien que sabe de sobra que eso quiere decir que ahorita es ahorita ¡pos este! Y nos metíamos a la casa a desayunar hot cakes como Dios manda.

Ya luego me desperté sudando ¡qué horror! Ay de veras que ver telenovelas no deja nada bueno. Ya había jurado y perjurado que no volvía a picarme con una, cuando voy viendo el promocional de la que sigue donde sale de protagonista mi otro argentino que salía en la de Montecristo con un trajecito negro ¡ay tan galán que no vieran! pero eso sí, con lo poco que ví a ver como le hago pero antes muerta que dejar que el susodicho la vea no sea que se le despierte la imaginación y las pesadillas se nos conviertan en realidad por que lo MA-TO ¡faltaba más!


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