12 octubre 2007

RESÚMEN DE UNA MAÑANA CUALQUIERA

RESÚMEN DE UNA MAÑANA CUALQUIERA



Para no hacerles el cuento largo les voy a resumir el día:

6:00 a.m. – Hago mis aeróbics. No crean que me pongo a brincotear, si a esta edad lo que quiere una es que todo se conserve en su lugar ya parece que va una a andar sangoloteándose. Mis aérobics son estiramiento de brazos y jalar mientras aprietas el abdomen para despegar al hooligan que se viene agarrando de cuanta pared se atraviesa en el camino para no pisar la regadera. Ay les juro que en su otra vida fue gato, no por animal, más bien odia con todas sus letras bañarse y todavía el muy cínico dice que contribuye así para que no se seque el Amazonas ¡háganme favor!

6:45 (todavía con el dibujo del edredón en la cara) – Como zombie despido al hooligan que se va a la escuela.

8:30 – Regresa el susodicho que fue por la Sofiringa para que la reina no se canse de andar trajinando en camiones, además de que la muy graciosita dice quesque no sabe venirse a la casa en camión y siente que se pierde y en esta casa se podrá perder todo pero la Sofiringa ni muertos.

9:00 – Vamos el susodicho y yo al súper, no porque le encante, es que el desgraciado bien que sabe que es la hora en que la tal Ninel Conde hace sus compras esas de todo light y casualmente al muy lagartón le entran ganas de acompañarme. Todavía le digo, “¿Oye mi vida, me compras las pastillitas esas de menta?” y el muy chistocito me contesta que así me quiere con todo y mi aliento de dragón. ¡Lo que no hará este hombre por ahorrarse 5 pesos!

9:25 – Dicho y hecho, la tal Ninel Conde pidiéndole al encargado que si le escoge él la fruta que porque siempre le sale o muy verde o muy pasada. ¡Pasada la que se estaban dando estos viejos rabo verde! Todavía el susodicho que le salió de pronto la amabilidad le dice que si aprieta el ombligo del melón y se sume tantito es que está en su punto y hasta se puso a buscarle uno bueno ¡Válgame! Por eso justo a las 9:27 le dí un pellizco de esos, para que no fuera a confundirse de ombligo ¡pos este!

Ya desde esa hora que nos regresamos a la casa, yo con mi aliento de dragón celoso sin pastillas de menta y él con los dedos cansados de apretar no precisamente los ombligos que él quisiera ¡Já! No más faltaba.

Ya por eso mejor me vine a escribirles, total cuando el susodicho se empiece a quejar que le duelen las yemas de los dedos, me voy a ir directito a hablarle a la cara sin pastillas de menta pa que aprenda.

De veras que cuando hay amor ¡hay amor!

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