05 octubre 2007

NADO SINCRONIZADO ENTRE UN PADRE Y UNA HIJA

NADO SINCRONIZADO DE UN PADRE Y UNA HIJA



No se crean que estas son las olimpiadas y que a la familia le dio por practicar la natación y alcanzar puntajes olímpicos, naaaaaa. Que si hicieran olimpiadas de un padre gruñón con una hija terca, júrenlo que dos que yo conozco estarían parados en el templete ese con un ramo de flores en una mano y en la otra saludando al público que los ovaciona por tener la medalla de ORO colgada del cuello.

Aquí las olimpiadas consisten en dos cosas que no tienen que ver con estirar los brazos (más que para dar una que otra cachetada).

Viene el susodicho que está en el carril izquierdo con su almohada, roncando con una sincronización nunca antes vista: dos soplidos, un ronquido, dos soplidos, un ronquido ¡qué bárbaro! Y de repente con una coordinación motriz impresionante que ya la quisieran los nadadores olímpicos para cambiar la brazada, cambia a dos ronquidos, un soplido, dos ronquidos, un soplido.

Después viene la llamada de la Lady Pubertiana que con el RIIING del teléfono, logra desconcentrar la perfecta sincronización de su padre.

-Ya te dije que no escuincla, te doy 15 minutos y eso todo ¿oíste? QUINCEEEEE”- y cuelga echando fuego como un dragón, pero como todo un maestro vuelve a poner la cabeza sobre la almohada y como si hubiera puesto el pause, sigue justo en donde se quedó, le tocaba soplido y ¡zácale! siguió un sutil soplido.

Luego viene la segunda llamada.

ggggiiishhhhh! (sonido de que se le va la saliva) y empieza, -¡Ni digas ehhhh que ya voy saliendo por ti, ni un minuto más!-

Pasan dos minutos más en los que el susodicho pone un cojín encima de la almohada, como si fuera coche standard y le sirviera para darle a la reversa del sueño y vuelve a sonar el teléfono.

-Que no soy taxista de nadie e e e e e e- y cuelga.

Ya en la recta final cuando veo que se tardaron horas en regresar y veo que esta escuincla entra por la puerta con el sabor del triunfo en la cara me doy por enterada que:

- Terminó dándole permiso de quedarse otro rato.
- Terminó llevando a todos los amigos a sus casas.

Y ganas me dieron les juro, de partir la medalla de oro en dos, una mitad para colgársela a esta niña, que se maneja al padre con una maestría que dios guarde la hora y la otra para el susodicho, que cuando se volvió a dormir le tocaban 2 ronquidos y siguió donde se había quedado, que si los vieran júrenlo que estos ya estarían en primera fila en Beijing ¡qué cosa!


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