14 abril 2007

RESUMEN NO MUY ABREVIADO DE UNAS VACACIONES NO MUY LARGAS

RESUMEN NO MUY ABREVIADO DE UNAS VACACIONES NO MUY LARGAS


¡Ayyyy ya regresé! Por suerte que me dejaron todo limpiecito ehhh aunque me encontré abajo del sillón unas botellas de cerveza ehhh ¡pos estos! Se los perdono, nada más porque cuidaron bien el Recetario. Ayyyyyyy pero no es por intrigaaaar, no es por intrigaaaar fiuuu fiuuuu pero lo que les tengo que contar es un poco largo, tomen aire, digo más bien, pónganse cómodos para que no se les aplane aquello de estar sentados leyendo y luego me echen la culpa a mí para que les tenga que pagar las prótesis ehhh ¡na nai!

Bueno, déjenme les cuento que más tardé en leer el recado ese del espejo que pa pronto hice la maleta. Si desde hace mucho que estábamos en esta casa con un color burócrata que Dios guarde la hora de que no nos pega ni un rayo de sol. Es más, como para el Guiness que los niños se despertaron tempranito por voluntad propia sin tener que echarles de gritos. Nos trepamos todos al coche y nos fuimos pelando los dientes de la felicidad. Al rato ya estábamos llegando a Acapulco ¡ay Dios qué felicidad! Desde que pone uno un pie abajo, ya huele a bronceador.

Todo iba de maravilla, hacía mucho que no veía así de entusiasmados a los niños, hasta la Lady Pubertiana que ni por equivocación levanta un papel en la casa, se ofreció a ayudar a cargar la maleta que ya es decir. El susodicho pidió dos habitaciones que se comunicaban por un baño en medio, o sea juntos pero no revueltos con los escuincles estos. ¡Ay como le cambia el carácter a uno cuando no tiene que tender su cama!

Para colmo no todo podía ser perfecto: Al susodicho y a mí se nos olvidó meter a la maleta los trajes de baño. Ya estaba el susodicho proponiendo ir a una playa nudista con tal de ahorrarse, pero a estas alturas no está uno para andar enseñando las carnes así como así. Ni modo de andar explicando a medio mundo que no es grasa acumulada, nada más son músculos en reposo, pues no verdad, así que no le quedó de otra que sacar chequera.



Ahhhhh todo era perfecto les juro: La brisa del mar nos dejaba ese saborcito salado en la boca, la sombra bajo la palapa, las toallas azules tamaño king size, ¡qué relax! Hasta trabajo daba articular palabras, hasta que llegó mi querido hooligan a romper el cuadro.

-Mamáaaaaa, mamaaaaaaá- gritaba el pobre.

-¿Ay q-u-é? – le contestaba así como drogada de lo descansada que estaba.

-No encuentro a mi papá- dijo.

-Ay déjalo mijo, ha de estar de lagartón viendo pasar bikinis.

Ya muy complacido el hooligan mejor me pidió que le untara bronceador. ¡Ay pero qué cosa con este niño!, Llegando a la casa le hago análisis porque ha de tener anemia este escuincle, no sé qué se le veía más, si el color rojo encendido de su traje de baño o el costillar al pobre fideo. Hasta le dije que seguro tenía bichos, no como su papá que en la vida se ha visto una costilla, o por lo menos por dónde quedaban.



Así estaba todo de lo más perfecto, la Lady Pubertiana enchufada en su bendita máquina del "Ai-nojod" , como lo dice el susodicho que no habla ni jota de inglés, esa con la que ya no jode con su endemoniada música porque la oye del audífono para adentro, el hooligan echándose clavados en la alberca y el mesero trayéndome un cocktail margarita ¡ahhh esto sí era el paraíso! Hasta que casi me atraganto el hielo frappé cuando dos agentes de la policía llegaron a preguntarme por las señas del susodicho.

-¿Su marido es de complexión gruesa, canoso y no suelta una cerveza y unos cacahuates japoneses?

-Sí ese es, ¿qué pasa oficial?

-Está trepado en la Quebrada.

-¿La Quebrada es una tipa de minifalda?- le pregunté al agente,
-déjelo que ahorita voy a darle un pellizco al lagartón este.

-No señora, La Quebrada es un acantilado de 45 metros donde se practican clavados muy peligrosos – explicaba el agente levantándose la gorra de policía.

¡Madre santa! Tanto broncearse para que en un minuto se me bajara todo el color. Por un momento me imaginé viuda, teniendo que ir a sacarle muelas a la gente porque alguien tendría que seguir con el consultorio ni modo de dejarlo así, imagínenme embarrándome las manos de baba ajena iuuuuc ¡ay no qué horror! Me levanté como resorte y acompañé a los agentes a que me llevaran con el susodicho.

De suerte que ya venía bajando con otros dos agentes que lo traían uno de cada brazo.

-No se preocupe oficial, ahorita me va a oír este condenado- le dije, y no sé qué cara me habrá visto que en cuanto pusieron al susodicho abajo les dijo a los otros agentes:
“Tenemos un 10-56 con probable 10-38 por que ahorita va a hablar con su 10-31

-Gracias oficial pero esto no se cura con aritmética, se cura con un Gatorade – le dije, y me llevé al susodicho casi de la oreja como niño chiquito. Hasta me acordé de cuando teníamos a la Ross y le decía “Sit” que el susodicho se sentó a la primera y ni pío dijo.




Nada más se acomodó en el camastro y se perdió roncando. Ganas me daban de dejarle su camastro así, a pleno sol, para que se achicharrara el condenado, a ver si así empieza a acostumbrarse para cuando se vaya al infierno, hasta que descubrí que es un santo este hombre, un santo con debilidades pero santo el desgraciado. Lo supe cuando le saqué de bolsa de su playera algo que le hacía bulto. ¡Dios de mi vida! Ganas me daban de pegarle a este hombre, de sacudirlo, de decirle de cosas, cosas como cuánto lo quiero al condenado, si en la bolsa traía un collarcito hecho de conchas con una pequeña fotografía de nosotros que fue a comprar hasta arriba de la dichosa Quebrada, donde un viejecito los vende y el méndigo traía la foto lista para ponerla ahí, pero como estaba prohibido el paso excepto para los clavadistas expertos, este hombre se fue a colar sepadioscómo con tal de comprarlo, nada más que como el muy chistoso se fue a asomar a ver cómo caían al mar y como traía aliento de una que otra cervecita que se había tomado pa pronto lo detuvieron los de vigilancia.




Ahhh que cosas, a este sí que lo mato por hacerme pasar estos sustos judiciales aunque luego lo tenga que resucitar para decirle que lo quiero. Si bien me lo decía mi abuelita, Con estos hombres mijita, comer y dormir. Por eso le tuve que pagar una $propina$ extra a los meseros para que entre todos cargaran el camastro del susodicho y lo pusieran en la sombra abajo de la palapa y luego le trajeran otra tanda de sus cacahuatitos japoneses que tanto le gustan y más Gatorades para cuando se despierte, que para eso está una, para cuidar al marido cuando le da por ser dadivoso ¡faltaba más!

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