18 diciembre 2006

COMO ARREGLARSE LOS MALESTARES

COMO ARREGLARSE LOS MALESTARES
(Tácticas del susodicho)


Por fin el Domingo fue la final del fútbol del hooligan contra una escuela de niños metrosexuales y el hooligan en lugar de concentrarse en el juego corría hacia las gradas para decirme que así como el número 20 igual quería dejarse el pelo. ¡qué horror! Si al enemigo hay que tenerle cautela, no admirarle el peinado ¡pos este!

De pronto se tiró al suelo, pero como siempre ha dicho que quiere salir en la televisión y me hace cada melodrama ya nadie le cree al pobre, eso hasta que después de un rato no se movía y ví que mi entrenador argentino guapísimo corría con sus shortcitos negros que tan bien le quedan a ver que le pasaba al hooligan.


Yo quería que le diera respiración de boca a boca y primero me la pasara a mí y yo se la guardaba al hooligan pero nunca se ofreció el ingrato, si ya había visto yo a este escuincle llevándose las manos al estómago a cada rato.

Desde que se levantó traía un dolorcito, yo que creía que era algo muscular porque el día anterior estuvo las horas echándose saltos mortales en un tumbling que nos encontramos, pero el susodicho que es muy práctico le dijo “Échate un pedo y ya” ¡válgame el cielo! Este hombre toda la vida arregla las cosas a su modo y no entiende que puede ser algo grave, ¿qué tal que es apendicitis?

-El apéndice no está a la altura de las tripas- decía el susodicho midiéndose con la mano.

-Mi vida,- le dije levantándole la playera al hooligan, -de TU ombligo al apéndice con todo lo que hay de estómago en el inter necesitas más de dos manos, en cambio en la del hooligan son apenas 4 dedos.

No había terminado de decir eso cuando el hooligan levanta la pata y sopla algo por ahí, y luego se para como si nada el mugroso escuincle y hasta va a jalarle la chamarra a su papá para apurarlo a llegar al partido ¡Qué es-pan-to! Del tal pedo tal astilla.

Así mientras estaba tirado el hooligan a medio campo, lo ví levantar un poco la patita izquierda y antes que otra cosa tomé del brazo al entrenador y le dije “Vámonos” con la misma tonadita que les hago a mis hijos cuando estamos de visita en casa de alguien y están de insoportables. El pobre entrenador se quedó sorprendido sin decir nada, cuando ví que el hooligan se paró como si nada y el árbitro silbó para que continuara el partido.

-¿Shá estará bien? – me preguntó el entrenador.

-Seeeeeeeeeeee, ni se preocupe.

Ya ni le dije nada al pobre, no vaya a ser que se entere de las mañas que tienen los hombres de esta casa para arreglarse los malestares y me vaya a expulsar al hooligan de por vida y luego qué hace una para conseguirse otro entrenador de shorcitos negros, naaaaaaa ¡ni que estuviera loca!

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