02 octubre 2006

DURMIENDO CON LA ASISTENCIA TÉCNICA

DURMIENDO CON LA ASISTENCIA TÉCNICA


Nada más les digo que ayer me declaré la mujer más pambolera del mundo ¡qué bruto! El susodicho se paró temprano y todavía me dijo que si quería me quedara dormida y que él iba al partido del hooligan, ¡pero hombre! Si esto no es sacrificio, es bendición. Lo confirmé desde que llegamos y el hooligan se echó a correr allá a la esquina donde estaban sus compañeros y atrás salió el guapísimo entrenador con unos shorcitos negros flojitos, de esos de “notevayasaagacharporqueseteveuno” ¡ay Dios! Benditas sean las modas deportivas ¡qué cosa!


Así greñudito de ojo verde y la barba a medio salir, igualita a como se la deja el susodicho los fines de semana, con la diferencia que al susodicho le sale la barba como de chino: chi - no - chi - no y este hombre tiene la barba como pasto recién cortado y toda la pinta de otro galanazo de mi telenovela de la noche pa variar argentino (que bien hechecitos están los argentinos de veras)

Estoy segura que por eso las mamás de los otros escuincles en lugar de ir vestidas cómodas para echar porras, venían con unos escotazos que dios guarde la hora y el susodicho se perdía entre los balones Voit y los Wonderbrá.

Ya después de 10 minutos que el susodicho ubicó al verdadero balón empezó lo que tanto me temía: El susodicho dejó de ser el susodicho normal y se transformó en la asistencia técnica ¡qué vergüenza! Más me tardaba yo en callarlo que aquel se ponía a dar indicaciones a todo el equipo. Que si corre para allá, que si sube, que si tu defensa, que si fulanito ve por la banda ¡no no no no! Ya para cuando el guapísimo del entrenador empezó a ponerle ojos de pistola yo empecé a hacer cara de ¿Y este hombre con quién vendrá porque yo no lo conozco? Hasta que en una de esas se le acercó y yo cerrando los ojos, bueno medio cerrándolos porque estando tan cerca con esos shorcitos pues no se puede cerrar bien el ojo, lo escuché decirle al susodicho que si podía colocarse cerca del arco. Juré que se refería al arco del triunfo pero no, quería que el susodicho se plantara junto al portero para que le ayudara dándole indicaciones mientras él arreaba a los otros 10 escuincles.

Después de que estos escuincles ganaron con una goliza de 16 a 2, el Montecristo-entrenador se acercó a paso lento ¡Ay Dios! Yo lo veía caminar pensando para mis adentros “ahí viene ahí viene ahí viene derecho derecho derecho” y se me planta enfrente.

-¿Señóra, ha visto a su esposo? – preguntó con su tonito argentino cantadito.

-Ba ba ba ba – dije y luego tomé aire y pude articular palabra justo cuando el susodicho se iba acercando.

-Su eposo es bueno – dijo y volteó a ver al susodicho
-¿Me podé ashudar al próximo partido?

-Claaaaaaro- dije yo antes de que el susodicho fuera a atreverse a decir que no, porque está claro que de hoy en adelante en esta casa todos tienen, digo TENEMOS prohibido volver a criticar al pobre del susodicho cuando ve partidos de fútbol.

Por eso ahorita que se acueste y prenda la televisión para ver "La Jugada" juro por Dios que ni siquiera lo voy a callar cuando esté gritando sus leperadas a los jugadores porque esta visto que está afinando la estrategia para ayudar al guapísimo del entrenador y ustedes saben que cuando se trata de ayudar al prójimo jamás hay que decir que no ¡faltaba más!

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