01 septiembre 2006

UNA GUERRA SIN CUARTEL

UNA GUERRA SIN CUARTEL

Yo vivía de lo más tranquila en esta casa, salía cuantas veces quería a sacar la basura y ni en cuenta, hasta me daba por fisgonear al vecino que siempre que se queda en su casa es porque trae novia nueva (conste que no soy chismosa, nada más soy comunicativa). Así me la pasaba de lo más normal hasta hoy que encontré un agujero justo saliendo de la casa. Uhhhhhh ya se imaginarán, para pronto pensé que era una rata inmunda escoria de la vida (¿estás leyendo inútil?) y rapidito mandé fue al susodicho para examinar.

- No te hace nada y ni cabes en su estómago – me dijo el muy sarcástico mientras se iba de lo más campante al consultorio y yo con el Jesús en la boca. Me tomé un café y me armé de valor para salir. Apenas puse un pie afuera y me puse a aplaudir quesque para hacer ruido y se espantara justo cuando pasó
Charito y no me quedó de otra más que hacer como que estaba matando un mosco para que no fuera a decir que qué loca está la vecina.

Me acerqué y le puse un pedazo de ladrillo al hoyo ese y al rato que ya salgo muy quitada de la pena ¡zácale! El ladrillo estaba fuera del mentado agujero. Me quedé escondida como una leona esperando su cena cuando ahí justo frente a mí la prueba: una ardilla peluda, gigante, asquerosa, roñosa y metiche.




Ahí iba y venía la desgraciada royendo mi tapete de la entrada duro y dale como muy dueña de "mi" territorio. La guerra estaba declarada, así que nada más esperé que se saliera la mugrosa ardilla y me fui derechito a plantarle el ladrillo y esta vez bien atorado ¡faltaba más!



Así estaba con el marcador: ARDILLA- 0 / YO1 justo cuando se me aparece el hooligan por atrás.

-Agggggggggggggggg- gritaba el pobre escuincle mientras se empezaba a retorcer como lombriz con sal.

-¿Qué diablos te pasa a ti? – le pregunté toda asustada, pero ya para esas alturas parecía la niña del exorcista.

-¿Qué tal que tus hijos estuvieran en un agujero como ese pidiéndote auxilio y tú no pudieras entrar ehhhhhh, qué tal m-a-l-v-a-d-a ? – me gritaba.

-No es para tanto- le dije así con tonito de no exageres, tragando saliva.

-¿Qué no ves que los animales son de Dios? – me seguía gritando el mugroso escuincle este que en la vida lo llevo a misa pero qué tal le sale lo samaritano cuando le conviene eh!

Tanto me dijo que se me hizo un hoyo en el estómago y no me quedó de otra que salir de mi trinchera a quitar el méndigo ladrillo ¡qué horror! Esta vez se salvó la desgraciada por estar en tierras neutrales y teniendo a este escuincle de aliado, así que podrá acabarse mi tapete.


Pero lo que es que hoy conmigo no cuenten por que mientras nuestro pobre presidente esté recibiendo mentadas en su último informe de gobierno, yo voy a estar en el cuartel esperando la rendición oficial del enemigo peludo ese. (Que viéndolo bien es algo parecido a lo que estará haciendo también nuestro presidente)

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