03 marzo 2006

UNA GRABADORA AFRODISÍACA

UNA GRABADORA AFRODISÍACA


No ha habido un día en que como ritual empiece a hacer la comida a 1:00 de la tarde. No sé que diablos tenga esa hora pero si acaso un día amanezco de modosita y hago la comida más temprano el arroz se bate todito y las albóndigas quedan como conos que termino rellenando uno dentro del otro y les invento que así es el sushi de los países postmodernistas y así se lo comen con gusto. Prendo la estufa al mismo tiempo que enciendo la grabadora y de cajón me planto en un programa de radio donde la voz de René Franco, el conductor de ahí, me tiene como gallina culeca ¡qué cosa! hasta la comida me sale como de gourmet.

Todavía me acuerdo de un día que Lady Pubertiana me dejó viuda de Franco por que se llevó la grabadora para oír la música espantosa que le gusta y a mi me fastidió los días y lo salado me quedaba dulce y lo dulce, salado. De paso le fastidió el estómago a la familia entera, ¡qué horror! Escuincla envidiosa que no entiende que así como cada poeta tiene su musa, también cada cocinera tiene su inspiración y la mía es la voz del dichoso conductor ese.

Meses y meses estuvieron mis hijos gritándome para que fuera a conocerle la cara a este señor porque salía en un programa de televisión de esos que les dicen reality, hasta el susodicho llegó con una revista de chismes que pone en la sala de espera del consultorio con una fotografía de él y a mi me entraba un no sé qué de que ni por equivocación le fueran a poner rostro a la voz afrodisíaca de este hombre. Igualito como cuando un día me dio por chatear y de sobrenombre me puse “Delirio Sensual” y los del otro lado ya estaban babeando sin caer en la cuenta de que a estas alturas del partido mi único delirio es la telenovela del guardaespaldas y lo sensual se ha cambiado por lo práctico.

Por eso no quiero que me rompan la magia estos ingratos, ni que me digan que está pelón o que está gordito ni nada de esas cosas que se inventan para hacerme el día de cuadritos. A mi me importa lo que está dentro del envase, de la etiqueta ni me fijo, por eso si llegan cuando estoy en trance cocinando con el Franco, entran calladitos, se miran a los ojos y se sientan sin decir nada por que ya saben que si empiezan hable y hable y me cortan la ambientación, a su madre se le olvida lo pedagógica y les puede jalar un pelo de la nariz sin anestesia ni lasser. Están advertidos en esta familia. Eso si es que no quieren terminar haciendo fila en el Automac de por vida.


¡Ahhhh lo que tiene que hacer una para comer como la gente decente!


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