22 febrero 2006

EL POST CUMPLEAÑOS DEL HOOLIGAN

EL POST CUMPLEAÑOS DEL HOOLIGAN


Todo empezó el día del cumpleaños de mi querido hooligan, cuando yo creí que mis dotes de mujer pulpo que puede hacer ocho cosas a la vez seguían vigentes. Mi querido hooligan siempre hace lo mismo, invita niños y en cuanto llegan se despide para irse a andar en bicicleta. ¡Qué síndrome el suyo! A lo mejor eso es una enfermedad que le heredó la familia de su papá porque en mi familia todos son normales. Espero que en su boda ni por equivocación se le ocurra que cuando vea que llegan los invitados diga “Voy por un cigarro” y jamás vuelva como en las telenovelas ¡qué horror!

Estaba yo entre que dame cinco minutos para acompañarte a la calle con todo el escuinclerío y que llegó la vecina que si la ayudaba a hacer una circular en la computadora porque es de las que piensa que Control-Alt-Supreme es una posición del Kamasutra y a mi me da lástima la pobre. Qué mala suerte que no hay olimpiadas de mecanografía porque ayer me hubiera llevado la medalla de oro, le resumí su discurso de media hora a tres renglones y se lo escribí en lo que ella alzó el brazo para quitarse los lentes porque ya me urgía salir de vigía. Y es que el hooligan sabe perfectamente que cuando le digo: E-S-P-É-R-A-M-E pelándole el ojo y apretando los dientes quiere decir que no lo agarro a nalgadas nada más porque hay visitas y el muy desgraciado hasta lo goza.
Estoy segura de que este niño de grande va a ser mesero de restaurante de mala muerte, porque jamás me hace caso en nada de lo que le digo.

En cuanto la vecina dijo “Está bien así” para pronto lo imprimí y le dije que ya no había otra hoja para que no se le ocurriera pedir algo más. Le grité a toda la tropa de escuincles que a estas alturas ya eran 7 que cargaran con bicicleta, patines o lo que tuvieran a la mano y nos salimos.


Ya estando afuera, me dí cuenta que me faltaba un niño que para colmo era el más chiquito. Casi igualito que en la película de Home Alone pegué un grito de retirada y me lancé a la casa a buscarlo. ¡Qué cosa! Jamás se me olvida el suéter, jamás se me olvida decirles a todos que hagan pipí, jamás se me olvidan las llaves pero sí se me olvida un niño ¡qué horror!


Ahhh como quisiera a veces que el hooligan fuera como Pedro el de Heidi y que lo único que le importara en la vida fuera perseguir a un chivito.



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