27 enero 2006

EL REALITY DE ESTA COLONIA

UN REALITY EN LA COLONIA


Con eso de que los gringos ya no hallan en qué entretenerse se inventaron un programa de esos que les dicen Reality en el que dos familias intercambian esposas como por 2 semanas, y al final les dan $50 mil dólares a cada familia pero la esposa de uno tiene que decidir en que se va a gastar ese dinero para la familia de la otra y viceversa. ¡Qué les digo! Con todo y que mi querido hooligan estaba duro y dale para que le cambiara al Animal Planet, estaba yo viendo la tele con el ojo cuadrado ¡qué cosa! Nada más de imaginar que nos escogieran a esta familia y a la del guapisísimo vecino para intercambiar maridos me dan calambres y hasta me da por sudar

Ya lo veo yo, el susodicho plantadote en el sillón viendo la mega pantalla que han de tener estos en la sala y manejando el Mercedes de aquí para allá de un insoportable que Dios guarde la hora. Uuuuuuyyy imagínense ustedes, si a Lady Pubertiana no la soporta cuando se le alborota la hormona y le duele el codo cuando le pide el helado ese de doble sabor que venden en el super, ya lo quiero ver rodeado de los hijos adolescentes del vecino que están en la edad de la mera punzada y pidiéndole dinero para el antro.

Mi vecina tendría que acostumbrarse a lidiar con un hombre que cuando come puja con cada bocado, que ama a las palomas mensajeras más que a su mujer y que para colmo cuando enciende la televisión como por automático se duerme ¡pobre mujer! Quién sabe si aguantara una tarde de reunión con los amigos de esas en las que el susodicho con dos copitas de anís le sale el
cavernícola que lleva dentro.

¿Y yo? ¡Qué miedo! ¿Se imaginan? ¿Cómo tratarlo?, ¿De qué platicar con un hombre tan de mundo? ¿Le gustará aplastarse conmigo a ver la telenovela esa del guardaespaldas mientras le planto los pies fríos debajo de los de el? ¿Dejará que lo despierte en la madrugada para preguntarle si puso el despertador? Y lo más importante y que me tiene el alma en vilo ¿COMERÁ FRIJOLEIROS?


¡Ay Dios, ni pensarlo, qué espanto! Nada más de pensar que nos quedemos sin los 50 mil dólares ya me volvieron los calambres. Así que mejor le cambié al dichoso Animal Planet, ¡total! mejor nos dedicamos a ver cómo se aparean las cebras y nos ahorramos esas vergüenzas con el guapísimo de mi vecino ¡faltaba más!

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