16 enero 2006

10 HORAS DE OSCURIDAD

10 HORAS DE OSCURIDAD


El viernes cosa rara, quesque porque hubo un corto en el transformador de no sé qué, se fue la luz desde las 11 de la mañana hasta las 9 de la noche. Todo un maratón de encontrar qué hacer sin necesidad de ponerle power on a nada.

Y como de esos días del pasado, en donde me acuerdo jugábamos hasta cansarnos con los vecinos en la calle, volvieron esos aires de jugar a se quema la bas y el que se mueva baila el twist, así que con todo y que hacía un frío del demonio, todo el escuinclerío estuvo afuera jugando a más no poder.

Se nos fue haciendo de noche, pero había luna llena y ¡qué cosa! Como si los faroles estuvieran encendidos todo se llenaba de esa luz blanca de luna, que hasta sombra hacían las siluetas de los niños en la calle.

Y es que la oscuridad donde no se ve nada, es cuando uno en verdad empieza a conocerse porque no hay tele, ni radio, ni música estruendosa de Lady Pubertiana, y nadie se va para otro lado porque todo está tenebroso y terminamos todos como uña y mugre en la oscuridad de la nada, bien pegaditos, conociéndonos.

Luego le llamó mi cuñado Pepón a mi hermana por el celular y mi hermana le dijo: “Yo creo que cuando vengas nos vamos por ahí porque aquí ya no se ve nada, a menos que te traigas la luz” ¡Háganme favor! Loca ella que no entiende que su marido se dedica a fabricar detergentes, no a cargar la cajuela del coche con milagros de electricidad.

Ya después como de una hora más, vimos su coche estacionarse a fuera de la casa y de repente ¡zaz! Llegó la luz.

¡Dios de mi vida! Mi hermana y yo nos quedamos viendo asustadas mientras nos despedíamos. Sin decirnos nada, nos lo dijimos todo con la mirada ¿Se dan cuenta? Tanto tiempo lleva durmiendo con el santo patrón de la Compañía de Luz y Fuerza y una sin saber.


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