02 noviembre 2005

UN YERNO SOBRE RUEDAS

UN YERNO SOBRE RUEDAS


Hasta hace unos días Lady Pubertiana decía que estaba enamorada del escuincle de al lado, ese que tiene síndrome de cirquero frustrado y se la pasa haciendo acrobacias en su patineta. La escuincla que apenas le empieza la edad de odiar a sus papás, nos cuenta de repente, en los pocos descansos de la hormona, que además tiene en común con el chamaco este, que los dos sacaron 7.8 de promedio en la boleta de calificaciones de la escuela.

-¿Qué no puedes buscar otra cosa en común que no sea lo idiotas para la escuela?- le dice el susodicho, que no le causa nada de gracia que su hijita empiece a crecer y a fijarse en otra cosa que no sea MTV.

-Mi vida, cállate- le grito, -¿A ver qué vas a hacer el día que no nos cuente nada, a verrrrrrr qué? – le decía yo en secreto cuando de repente nos tocan el timbre, que para que vayamos a ver al hooligan a la calle.

Salimos de la casa asustados y a punto de desgreñar al escuinclerío que rodeaba a mi hooligan. Pero ya nos calmamos cuando al llegar, entre el borlote, alcanzamos a ver al hooligan volteando de un brinco la tabla de la patineta y cayendo sobre ella con un perfecto equilibrio mientras los demás le aplaudían.

-Señora, su hijo es bien pro- Me dijo el mentado galancete de Lady Pubertiana.

-¿Qué dijo?- Me preguntaba el susodicho

-No sé si me dijo una grosería el muy malhablado, pero dice que el hooligan es bien “pro”, a lo mejor ya le caló que esté usando su patineta-

-O sea, h-e-l-l-o-o-o-o-o-u-u-u, PRO es PROFESIONAL- nos decía Lady Pubertiana haciéndonos tonito de qué tarados.

Ahí nos quedamos viéndolo, mientras los demás sentados en la banqueta seguían aplaudiendo y diciendo entre ellos que ese niño sí tiene futuro, que ni ellos que no hacen otra cosa más que brincotear en eso, podían hacer las piruetas que el hooligan hacía, mientras el susodicho se le inflaba el pecho, mucho más que cuando gana su equipo de Los Pumas. De pronto le cambió la mirada y comenzó a ver con buenos ojos al mini-galán este, hasta terminó preguntándole los nombres de los saltos ya en tono amigable.

¡Válgame el cielo! Quién iba a pensar que una simple patineta me iba a dar una hija enamorada, un suegro tolerante, un padre orgulloso y un hijo bien pro.





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