29 octubre 2005

UNO QUE YA LE TOCÓ SU CALAVERITA

UNO QUE YA LE TOCÓ SU CALAVERITA


Mi querido hooligan estuvo martirizándonos el oído casi una hora con que quería salir a pedir dulces hasta que nos convenció. Ahí íbamos toda la tropa a pedir halloween, todo con tal de que se callara el escuincle este. Yo le pedí al susodicho que me acompañara a cuidar niños porque no me alcanzan las manos con tanto escuinclerío, a lo que el susodicho accedió a regañadientes, porque el hombre estaba de lo más plácido viendo la televisión y el muy comodino nada más se paraba a darle dulces a los que tocaban, según él cuando saca su síndrome de Susodicho de Calcuta que es mejor dar que recibir, ¡ahora resulta!

Así que fuimos casa por casa, hasta que llegamos a una muy bien decorada y en medio de una nube de hielo seco salía una señora disfrazada de GATÚBELA muy 90-60-90 a repartir dulces. Los niños se formaron a pedirle y en cuanto el susodicho vio a la mujer esta muy voluptuosa, enfundada en su traje negro, de pronto le renació la responsabilidad de andar cuidando chamacos y rapidito se fue a escoltarlos. ¡Mira nada más que atento nos resultó este hombre!

-¡Quién fuera ratón!- dijo el muy graciosito antes de que le diera un pellizco.


Yo nada más les digo que si en el noticiario anuncian de alguien que puso un epitafio muy extraño en el panteón, nada más no pregunten de quién es.






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