04 octubre 2005

LAS PENAS SE SUDAN POR LOS POROS

SUDANDO PENAS



Una amiga me contaba que tiene un matrimonio difícil. ¡Qué suerte! Pensé, mal que bien el susodicho es desgraciado pero es un desgraciado muy tierno. Yo le aconsejaba que luchara porque todo matrimonio es difícil, es un ejercicio de adaptación, de tolerarle que deje salpicada la taza del baño y que tu dejes las llaves de la entrada pegadas en la cerradura sin mayor problema porque existe la comprensión entre dos personas maduras.

Pero ella suspiraba muy parecida al hooligan cuando llora para adentro. Se le hacían los ojos vidriosos de Remi y entrelazaba los dedos una y otra vez, que si hubiera tenido un estambre cerca se lo daba para que de una vez me lo enrollara.

Las amigas estamos para eso. Para dar apoyo a nuestro género sin importar que no sea de la familia. Y sépanlo bien hombres del mundo, antes de que existiera el blog a las amigas se les contaba todo de viva voz, la intimidad antes de estar en un link estaba entre dos tazas de café.

Nos curamos la tristeza como solo una sabe que nos podemos curar el alma: Nos vestimos de fachas, nos embadurnamos la cara de una mascarilla y pusimos los pies en una cubeta con agua calientita. Solo una sabe que con los poros abiertos es más fácil que se diluyan las penas.



Ya después de un buen rato, cuando a punto estuvimos de parecernos a Tutankamon, casi con la cara craquelada, nos sentíamos mejor. Ella más tranquila y aliviada, yo completamente relajada y feliz.

Nos despedimos ya con la certeza de que las cosas marcharían mejor, y hasta me quedé con mi síndrome protector satisfecho. Cuando subía las escaleras escuché a mi querido hooligan y a Lady Pubertiana platicando como dos personas civilizadas, por primera vez en su vida no estaban desgreñándose. De refilón me asomé y los vi con los pies metidos en el agua y cada uno con su mascarilla.

-Es que la estúpida me dejó sin recreo- le decía mi querido hooligan a su hermana

-¡Bah! Ni fumes a la tarada de la vieja esa- le contestaba Lady Pubertiana.

El susodicho, que se vino también a espiarlos, a punto estuvo de irlos a regañar por andar diciendo peladeces de los maestros pero le dije que no lo hiciera, hay que entender que están con los poros abiertos liberando las penas.



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