12 octubre 2005

EL CHUCU DEL SUSODICHO

EL CHUCU DEL SUSODICHO

El primer coche que tuvo el susodicho fue un Renault blanco, más viejo que Matusalén, le fallaban hasta las manijas de las ventanas al pobre pero con todo y eso nos llevó a donde quisimos en nuestra época de novios. Del techo se le había caído el forro y cada vez que pasabas por un tope o algún camino empedrado empezaba a llover del hule espuma del techo trocitos amarillos que se le iban desprendiendo con el movimiento brusco. Llegabas a alguna reunión y la gente pensaba que tenías una nueva modalidad de caspa color amarilla.

Y es que uno se encariña con los coches como con los hijos, que cuando algo les comienza a fallar, como cuando reprueban en la escuela por idiotas, tú luego luego comienzas a disculparlos diciendo que pobres, no tuvieron tiempo de estudiar o es que se fue la luz, cosas así. Igualito dice uno del motor: Es que se sobre calentó o me olvidé de ponerle agua al tanque.

Así que un día le pusimos el signo de pesos para venderlo y resulta que nadie lo quería al pobre. Así estuvimos meses, buscándole quien le jurara amor y dedicación y nadie, ni el que vendía Yakult lo quiso ¡qué ingrato es el mundo de veras! Decían que comprar un coche así era comprar problemas. ¡Y nosotros tan acostumbrados que estábamos a vivir con tantos problemas!

Después encontramos a un aventado que estudiaba mecánica y lo quiso, quesque para entretenerse armando y desarmando el motor. Pobre escuincle, se notaba a leguas que Santa Claus jamás le trajo un Lego.

Hace una semana que íbamos en la Avenida Lomas Verdes vimos pasar como bólido un coche igual. Al Renaultsito ese parecía que lo llevaba el diablo. Se nos emparejó en el tope y hasta alcanzamos a ver a un señor de bigote y sombrero de ala ancha manejándolo. Nos pasamos el tope cuando justo vimos la llovedera de polvito amarillento cayéndole sobre el sombrero. El susodicho y yo no lo podíamos creer, ¡Ayyy pero qué nostalgia nos entró de pronto que sin decir nada los dos teníamos el mismo pensamiento! ¿Se dan cuenta? El coche todavía circulando, pero le tomaron tanto cariño a la lluvia integrada que hasta hoy todavía la conservan.

Era 'El Chucu', que así lo bautizamos cuando todavía le brillaba la lámina, y me acordé de las veinticinco mil veces que amenacé al susodicho de muerte que si no le arreglaba lo del techo iba a tener que dormir con el perro y las dieciocho mil veces que le he dicho estos dos últimos meses que si no le arregla lo de la gasolina a este coche que tenemos ahora, lo mando de regreso con su papá, y es que ya me cae gordo que mis amigas me digan que de dónde saqué ese perfume, como si fuera Le Perfum by PEMEX.

Y mientras veíamos alejarse al Chucu, con esa nostalgia de tantos recuerdos, el susodicho dijo: “Mañana voy a que le revisen” y yo me quedé muy complacida porque la telepatía después de todo sí funciona. Aunque ya estoy pensando que esto de la gasolina se lo habremos de heredar a otro aventado que también le tome cariño a nuestro perfume.



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