02 abril 2005

Te oigo...te escucho

TE OIGO...TE ESCUCHO


De repente me da por decir frases largas como si tuviera una barra de lengua espaciadora atorada, así me encanta molestar al susodicho diciéndole de corridito y rapidito -Elprimersíntomadeunmaricóneslasordera- Y más disfruto cuando me dice, - ¿Ehhh? - Y se lo vuelvo a repetir y me vuelve a preguntar - ¿Qué diablos estás diciendo?, Ya, ¡no me estés fregando! - y más me río. Así estaba yo hablando de un tiro mandando al hooligan a bañarse sin tomar aire mientras él intentaba decirme algo que me pasó desapercibido.

-Veteabañarporquenoquieroqueseasunescuinclecochino - le dije y el se tira al suelo lloriqueando y me contesta, - ¡Es que los adultos Mexicanos hablan y hablan y no dejan jamás que los niños digan nadahahahaha !-

En ese momento me calló, no pude decir nada más. No sé si me impactó más su capacidad de discernir la nacionalidad junto con la sordera o su sensibilidad herida de niño desatendido y me dí cuenta que esta infancia está sedienta de que la escuchen, que desde una voz de pitillo pueden salir ideas inteligentes y revolucionarias. Que es de sabios saber guardar silencio y escuchar, solo escuchar.


Saber escuchar, como lo sería de importante un jefe hacia las necesidades de sus empleados, como lo es de un matrimonio, como lo es de los gobernantes, o en este caso de un hijo a su madre con sordera ocasional.


Habrá que ponerlo en práctica....escuchar más que un simple oir.





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