15 febrero 2005

OLOR A RECUERDOS




Hoy desempolvando el tiempo, abrí un libro viejo que estaba en lo más alto de la repisa. (Sí...ya ven también me entran mis crisis de 'amante del trapito' y me vuelvo la chacha oficial de ésta casa).

Me llamó la atención su pasta dura y rugosa y más me asombró cuando lo sacudí que su color original era de un rojo encendido que ya ni siquiera se notaba por el polvo.

Tengo la manía (quién no las tiene) de oler los libros y ponerle un adjetivo a cada olor. Los abro a la mitad y acerco la nariz. Cada libro huele diferente, este olía a "recuerdos húmedos", y sus hojas ya amarillentas, parecían un muerto fresco; extendidas y duras, que hasta el pasar de las páginas costaba algo de trabajo.

Mientras le pasaba el trapo por encima noté un borde extraño y fuí directamente hasta esa página. Lo abrí y encontré una flor, era una rosa aplastada por el grosor de su sarcófago, una rosa de color negruzco, supongo antes era roja y para haberla guardado tendría entonces algún motivo especial.

El tallo seguía intacto, le colgaba una hoja verde olivo que ya estaba seca y algo partida a los extremos. ¿Cuántos años llevaría la flor guardada ahí ? Me preguntaba, cuando recordé que yo misma había metido en el libro aquella rosa cuando era muy jóven y aquel galán de adolescencia me regaló flores.

Sonreí recordando el episodio, y acerqué de nuevo la nariz para ver si permanecía su aroma, de pronto ese olor a polvo me vistió de uniforme escolar, me ví sentada en aquellas tardes en que mi mamá muy enojada me mandaba a cambiar de ropa y yo no obedecía por estar pegada a la ventana esperando la fortuna de ver pasar por un instante el coche de aquel muchacho que me gustaba tanto, ese mismo que me regaló ésta flor después.

Eso pasó hace muchos años ya, en verdad el recuerdo guarda sus olores, y a lo mejor alguna reacción química del papel con la humedad de la rosa...o sepa dios qué, sea la que permita que la flor se haya conservado tan bien por tanto tiempo.

Terminé de sacudir el libro y lo guardé en ese mismo lugar. Esperaré a que se borre el color y talvez lo olvide o vuelva con la certeza de que la flor seguirá intacta rebosando su color marchito en sus recuerdos.

Quiero que cuando muera guarden mi cuerpo entre las páginas de un libro, y me dejen en lo más alto de cualquier anaquel.



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