15 julio 2004

PERDIENDO EL JUICIO


Domingo, día de dolor de muelas. Junto con las tres muelas que el dentista decidió sacarme de un jalón podría decir que literalmente perdí el juicio. Todavía no comprendo cómo fue que volví al consultorio para seguir el tratamiento, pero ahí estaba, recostada en el mullido sillón y cegada por la luz que apuntaba hacia mi boca abierta, como jamás ni en mis peores pesadillas he podido tenerla.

Podía observar las pupilas empequeñecidas en los ojos verdes del doctor mientras entre el miedo, dolor y nervios él levantaba una jeringa disparando apenas un líquido como probando así su salida. Aquella aguja brillaba a contraluz de mis deslumbrados ojos y mi miedo iba creciendo. Creo que hasta sudaba mientras veía las manos del doctor acercarse a mi boca. Después de todo, fue difícil encontrar a un dentista disponible en día Domingo por la tarde. Todos los que llamé me dijeron que el lunes me atendían con todo gusto pero cómo explicarle a la intensidad de mi dolor que tendría que esperar algunas horas más.

Afortunadamente encontramos uno disponible. De esos que son parientes de la cuñada del hermano que no vino a la fiesta y emprendimos el viaje kilométrico hasta el otro lado de la ciudad.

El doctor tomó mi boca por un lado y la jaló y justo en ese momento me aplicó la anestesia. El iba describiendo lo que segundos después sentí. Calambres subiendo por mis labios como un desfile de hormigas paseando justo sobre mí.

De lo demás recuerdo poco pues opté por cerrar los ojos hasta que escuché al doctor describir mi muela cuando la sostenía con unas pinzas. Mi mamá muy envalentonada se asomaba como mirando un pozo profundo de PEMEX mientras una manguerita sorrrrrbbbbbbía mi saliva.

Quince años después sigo fiel a mis consultas y le perdí el miedo a mi dentista. Lo solucioné casándome con él. ;)



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