20 junio 2007

JAMÁS CONFÍES EN UNA AMIGA DE SAQUITO CON BOTONES

JAMÁS CONFÍES EN UNA AMIGA DE SAQUITO CON BOTONES





¡Ayyy no me lo van a creer! Pero ayer soñé horrible y es que andaba yo del tingo al tango con las agruras por culpa del susodicho que hizo de cenar unos sándwiches con queso de la Margain, que es una muchachita que parece Barbie que vende un queso con aceitunas que el susodicho se ha vuelto adicto.

Con decirles que veía al susodicho sentado como siempre viendo la tele en el reposet y llegaba Romina, la mujer esa de la telenovela de mi argentino guapísimo y se sentaba a ver la tele con el susodicho. Éramos amiguísimas, qué les digo ¡casi hermanas! Nos contábamos todo, y desde la infancia que nos hicimos uña y mugre, y aunque ella también es argentina yo hasta le enseñaba a decir groserías mexicanas y ella me enseñaba las malas palabras argentinas. Era bien linda conmigo, de esas amigas del alma que son para toda la vida, ¡ay nos parecíamos tanto! Bueno, nada más de gustos porque la muy condenada tiene un corpazo que qué bruta, una cinturita de avispa que Dios guarde la hora y una boca sexy que se la pasa provocando cuanta testosterona se le atraviesa.

De repente, ya sentada en el sillón, como que le apretaba un saquito (porque esa mujer siempre trae unos mini sacos puestos que no le tapan el frío a nadie) y ¡zácale! se desabrochaba los botones para quitárselos y el susodicho con todo y que estaba viendo el partido de la Selección empezaba a mirarla de reojo. La muy desgraciada quesque no podía con el último botón se acercaba al susodicho que casi se caía del reposet de la impresión para decirle, “Ché, ¿me desabrochás el botón de arriba?” y el susodicho casi atragantándose los cacahuates japoneses para estirar la mano en esos volcanes talla 36B de mi amiga la argentina.

Casi estaba a punto de desabrocharle el Popocatélptl cuando bajé yo y le pegué un grito al susodicho, “Ni se te ocurra estirar más la mano o te M-U-E-R-E-S
¡Válgame! Me acordé de todas las veces que le pregunto al susodicho si me veo bien con la ropa que me puse y sin siquiera voltearme a ver me dice que sí, y mi amiga Romina desgraciada, tanta confianza que le dí, tantos momentos compartidos para que me venga a alborotar el gallinero así como así ¡Si bien le decía yo que andar tan desabrigada no le iba a traer nada bueno en la vida caray!



Estaba yo sollozando de haber roto mi gran amistad con Romina cuando sentí un codazo. Era el susodicho que me escuchaba respirar agitada.

-¿Qué te pasa? – me preguntó prendiendo la lucecita del buró.

-¡Cállate malvado!

Y el susodicho se volvió a dormir sin decir nada, apenas lo escuché decir algo como “mmmmtaloca” y empezó a roncar otra vez.

Pero eso sí me despertó, me quitó el sueño el condenado, me lo espantó y me pasé la noche en vela, es más, traigo unas ojeras tamaño king size que no vieran que hasta me voy a tener que poner unas rodajas de pepino a ver si así y todo por culpa de este ingrato que anda desabrochándole fumarolas al Popocatépetl.



Que si se hubiera seguido al Iztaccíhuatl ya no despierta para contarlo ¡pos este!



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