03 abril 2007

UN AUTÓGRAFO DEL SUSODICHONALDINHO

UN AUTÓGRAFO DEL SUSODICHONALDINHO


Ya salieron los niños de vacaciones de la escuela y aquí entre nos a mi me da un poco de coraje, aunque no digo nada porque no quiero que crezcan traumados, pero es que cuando empiezan las vacaciones por consecuencia se terminan las mías y el hooligan todo el día quiere que juegue con él ¡qué horror! Que si vente a jugar Lego, que si fíjate como pateo el balón ¡ay Dios! Este niño quiere atención por más que le insisto en que mejor jugamos a que era huerfanito.


Peor ayer que le fue a preguntar al susodicho que si de vacaciones podíamos ir a Brasil, que porque le dijo a Juanito que ya teníamos planeado el viaje y todavía el muy mitómano escuincle le ofreció que le traía algo de Ronaldinho. El susodicho no más peló el ojo y le gritó al hooligan que si estaba loco o qué. Yo pa pronto le fui a pellizcar el brazo al susodicho, “Shhhhht” le dije con los ojos. A leguas se nota que no puso atención al programa que vimos ayer en la noche de unas psicólogas que decían que si quieres ser un triunfador debes tratar de alcanzar tus objetivos aunque estos sean difíciles.

-Ya ves mi vida- le dije al susodicho cuando estábamos solos, - es como si a Bill Gates le hubieran dicho de chiquito, “Ya Billy no sueñes con computadoras porque esas máquinas son cosas del demonio”, pos no ¿verdad?

Y el susodicho se me quedó mirando, se paró de la cama como resorte y se fue derechito a sacar una playera de fútbol vieja del clóset, tomó un plumón y ¡zácale! Le pintó un garabato.

-¿Y ejo qué ej? – le pregunté al susodicho mientras me lavaba los dientes.

-¡Listo! Nos ahorramos el viaje a Brasil.

El loco del susodicho fue a firmarle una playera de Brasil que tenía estampado el nombre de Ronaldinho con su firma.

-Ashhh qué bruto, tenías que copiar la firma de Ronaldinho así como un circulito con el número diez adentro como dice aquí en el álbum del mundial, ¡no ponerle tu firma!

En eso oímos un grito del hooligan que iba entrando a la recámara.

-¿Qué te pasa escuincle? – le grité, pero el hooligan estaba como privado, como en estado de coma, ¡qué digo! Como en estado catatónico, ya casi para donar los órganos cuando en eso empezó a tomar un poco de color.

-Mi vida, - le dije con ese tonito de psicología maternal antes de que se me traumara el pobre, -es para que le regales a Juanito.

-¿Entonces ya no vamos a ir a Brasil? – preguntó el hooligan con los ojos peor que los que ponen cuando lloran en mi telenovela del argentino.

-Claro que sí- dijo el susodicho aplicando lo que escuchó en el programa de las psicólogas, -vamos a ahorrar para ir, pero mientras le llevas a Juanito un recuerdito de que algún día vamos a ir a Brasil.

-Mañana le llamo a Juanito y le cuento – dijo el hooligan – le voy a regalar una playera con la firma de mi papá que vale igual que la de Ronaldinho.

-Viéndolo así… - le contesté, después de todo no cualquiera tiene una playera autografiada por un dentista futbolero ¡faltaba más!


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