12 septiembre 2004

ENTRE ADIOSES Y POLVO...

Mañana vestida de nubarrones que mecían sus enaguas al ritmo de un viento frío que azotaba como latigazos sobre mi cara. Ahí estaba yo, uniformada de ese azul tan oscuro que lo que menos tenía era el tono marino que tanto exigían las Señoritas Directoras.El marco del día hacía juego a la ocasión. Miss Susy falleció y la chamacada acudió a darle el útlimo adiós. Fue la primera vez que visitaba un cementerio. Recorríamos los pasillos viendo como el monedero rinde tributo a los seres que se han ido ya, y que ni siquiera les importará nunca si su lápida fue de mármol o le adornaron con una cruz amarrada con mecatito. Pasando unos verdaderos casi 'edificios' que me parecían sanaban la conciencia de los que se quedaron, se arremolinó la gente. Escuinclas llorando (¿les habrán pagado?) y las que nunca faltan: el comité de AEIOU (vocales) de cada salón en primera fila con sus pañuelitos blancos al pié del cañon, para que vean que sus cuotas sí valen.

A mi me da un no se qué, así que mejor me alejé de la bolita y caminé unos pasos atrás hasta que me topé con una lápida muy abandonada. Sobresalía de entre las demás precisamente por su polvoso olvido y me acerqué, no sé porqué pero me acerqué y con mi zapato negro recién boleado le sacudí la tierra para un lado a ver si alcanzaba a leer el nombre del difuntito.

Ahhhh caray,....má que cossssaaa... coincidencias de la vida. ¡Era la tumba mi abuelo!

Un escalofrío recorrió mi cuerpo.


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